Ha pasado poco más de tres años desde que decidí cumplirle la fantasía a mi esposa de verme interactuar con otro hombre. Era febrero de 2023 cuando por fin tomé esa decisión y solo hasta diciembre de 2024 se consumó.
Luego de disfrutar mucho del pegging, mi esposa manifestó que tenía la fantasía de verme compartir con otro hombre. Yo, ahondando en su deseo, le pregunté qué era lo que deseaba en sí; me dijo que le gustaría verme interactuar con otro hombre, pero que fuera varonil recalcó…
—¿Interactuar cómo? —pregunté. —
Dijo que deseaba ver a un hombre manoseándome, morboseándome, tocándome, para que yo me excitara y que después de eso pasara lo que mi deseo dictara.
Yo ya cumplía 44 años en aquel entonces, nunca había tenido una experiencia homosexual hasta ese momento y mi esposa lo sabía; ella entendía que era un tema que yo tenía que digerir y visualizar, pero era su fantasía y me lo hizo saber, como cuando yo le dije que deseaba verla a ella con otra mujer.
Yo le dije que, aunque el pegging me parecía algo excitante, lo disfrutaba porque era ella quien me penetraba, pero que no sabría si ese mismo morbo me lo provocaría otro varón. Ella solo dijo: —Si un juguete te hace sentir bien, uno de verdad te gustaría más.
Su lógica era innegable, pero aun así nunca me había pasado eso por la cabeza. En todo caso, seguimos madurando la idea y, además, veíamos videos de gays o de tríos bisexuales. La verdad, el sexo tiene algo mágico y es que, si se hace con ganas y deseo, resulta muy excitante; por eso, aunque no era mi género, tengo que reconocer que algunas escenas me resultaban muy eróticas, así como otras no me agradaban, pero ver a mi esposa cómo se calentaba viendo a dos hombres tener sexo, me hacía excitar mucho.
Con los días, fuimos pasando de los videos a los juegos mentales, a fantasear mientras hacíamos el amor; ella me susurraba cómo se imaginaba un encuentro mío con otro hombre.
—Me gustaría ver que otro hombre te acaricia el pecho, que te manosea la entrepierna por encima del pantalón… —decía—. Quiero que te lo chupe y que lo disfrutes y que, si quieres, tú también lo toques.
Yo escuchaba atento y visualizaba la escena. —¿Qué más deseas ver? —le dije, avivando su morbo. —Quiero que te penetre, primero lento y luego fuerte.
Su deseo era algo muy serio y muy claro: no solo quería bluyineo (restregarse con la ropa puesta), sino sexo puro. Su idea no era hacer un trío sino ver a dos hombres comerse, la idea no me parecía tan descabellada; yo pensaba que, si un hombre me lograba excitar, algunas cosas sin duda podrían pasar.
—¿Qué te gustaría hacer a ti, amor? ¿Si aceptaras,, qué quisieras que pasara? —preguntó. —No sé, amor, tal vez también lo tocaría —yo solo pensaba en su cara si me viera haciendo algo así, entonces seguí diciéndole—: también le cogería el bulto y le tocaría el pecho creo...
Ella se mordía el labio inferior. —Lo dejaría que me lo chupara —le dije, y ella siseaba (ssssssss)—. ¿Qué más? —Si me lo hace parar, lo clavo! —eso que le dije le hizo voltear los ojos. Jajaja, creo que se mojó solo de oírlo. —Yo quiero que te penetren después de que te lo chupen mucho —añadió ella.
La fantasía de mi esposa era muy específica; ella no deseaba solo verme jugar, sino que me comieran, así, literal. Pero siempre aclaraba que no fuera por complacerla, sino que lo que pasara fuera lo que me fluyera en el momento, que me dejara llevar por el deseo hasta donde me sintiera bien.
Yo también fui claro con ella y le dije que mi mente estaba abierta a esa idea, pero que no le garantizaba nada, y ella con mucha seguridad dijo: —Te va a gustar. —Bueno, habrá que verlo —respondí.
Ya estaba decidido a cumplirle la fantasía, aun cuando no sabía si iba a funcionar. En todo caso, sin decirle nada, empecé a buscar en páginas web y clasificados un caballero con el que se pudiera interactuar. La verdad es que cuando le escribía a los hombres que ofrecen servicios de Escort gay y les explicaba que era para darle la sorpresa a mi esposa, ellos no aceptaban; casi siempre de manera cortante decían que ellos eran gays y que compartían era con hombres.
Cuando filtraba la búsqueda poniendo que necesitaba Escort gay que atendiera parejas, ya salían unos perfiles muy "dudosos", ustedes entienden; uno no sabe si venden encuentros sexuales o si te van a robar… no todos, aclaro, para que no suene clasista, pero obvio sí buscaba un caballero bien presentado.
Así iba mirando de cuando en vez, hasta que uno de esos días vi un clasificado de un muchacho. Las fotos no eran las típicas fotoberg..., sino más bien fotos en ropa interior, o entrenando, o en lencería; la verdad se veía muy afeminado, pero bien cuidado. Le escribí y le expuse lo que buscaba; el muchacho dijo que casi no le gustaba atender a parejas porque había tenido malas experiencias. Yo le expliqué lo de la fantasía de mi esposa y que ella no tenía ni idea, que iba a ser una sorpresa. Después de preguntarme varias cosas, como qué deseaba hacer y si ella tenía algún reparo, yo solo le dije: —Tal vez ni siquiera hagamos nada porque no sé hasta dónde pueda llegar.
El muchacho aceptó. Yo le dije con mucho respeto que si el estilo de él era siempre así tan afeminado, porque mi esposa deseaba era verme con alguien de aspecto varonil. El chico sonrió y dijo: —Yo he aprendido que a muchos clientes les gusta así, femenino, pero no hay problema, yo me visto más normal entonces.
Aún sin decirle nada a mi esposa, acordé con este muchacho para el día que íbamos a celebrar Amor y Amistad. Primero averigüé en el hotel si había problema con que un chico llegara después de que estuviéramos allí con mi esposa, y dijeron que se podía, pero que mi esposa sí debía estar de acuerdo para evitar problemas.
El día llegó. Pasé a buscar a mi esposa; ella sabía que íbamos para un hotel, pero nada más. Con el chico quedé para que llegara más o menos media hora después de nosotros estar allí, y a mi esposa le dije que le había pedido un detalle y que nos lo llevaban a la habitación al rato; ella no sospechaba absolutamente nada.
Ya en la habitación, abrí un par de cervezas, nos pusimos cómodos. Yo trataba de disimular besándola y seduciéndola, pero no me quería quitar la ropa para que el muchacho no nos encontrara desnudos; la verdad tenía muchos nervios e inseguridad aún, pero trataba de que mi esposa no lo notara.
Esos minutos hasta que el teléfono sonó se hicieron angustiantes; como ya lo dije, yo estaba decidido a lo que pasara, pero aun así la inexperiencia genera inseguridad.
Golpearon la puerta y le dije a mi esposa: —Llegó tu sorpresa, amor, espérame —y bajé como si fuera a recibir algo.
La puerta se cerró y yo le hice un gesto de silencio al muchacho; empezamos a subir, primero yo y detrás él. Cuando mi esposa vio que no tenía nada en las manos, puso cara de confundida, y cuando vio que iba subiendo el chico, estiró el cuello hacia atrás y se llevó la mano a la boca en gesto de sorpresa; quedó muda, pero vi cómo le brillaron los ojos. Yo, nervioso, le dije: —Acá está la sorpresa.
Ella apretó los labios y asintió con la cabeza.
El chico con timidez se presentó y se quedó allí parado, como sin saber por dónde empezar, y yo menos. El tiempo se detuvo; por un momento yo no sabía siquiera lo que seguía, jajaja, había matado al tigre y no sabía qué hacer con la piel. O sea, no es como cuando uno tiene a una mujer al frente, que uno ya sabe lo que quiere; el chico estaba allí, sabiendo que era nuestra primera vez y sin saber qué queríamos con él.
Yo solo traté de empezar como lo habíamos fantaseado mi esposa y yo: me puse detrás del chico y lo giré para que quedara de frente a mi esposa; quería que ella me viera tocándolo, pero a la vez yo no quería hacer contacto visual con él.
Para que se hagan una idea del muchacho: era un chico joven, veintitantos le pongo; aunque llegó vestido muy normal (polo, jean y tenis), sus ademanes sí eran un poco delicados, aunque ya no tan femeninos como en el perfil de la página web. Su aspecto era bien cuidado, el cabello bien arreglado, muy limpio y de buen olor; un poco metrosexual, con las cejas depiladas, no era delgado ni acuerpado, más bien era un chico al que la juventud aún lo favorecía, con algunos tatuajes y un arete; en fin, para resumir, el muchacho se veía bien presentado.
Una vez detrás de él, tímidamente pasé mis manos por debajo de las suyas y las llevé hasta su pecho sin dejar de mirar a mi esposa, que se acomodó mejor en la cama para no perderse nada. Le apreté un poco los pectorales y moví mis manos en círculos lentamente buscando sus pezones; mi esposa miraba con malicia y el chico movía la cabeza hacia un lado como despejando el cuello, a la vez que movía la cadera hacia atrás para pegar su cola a mi pelvis.
Continué así unos segundos mientras el chico deslizaba sus manos por mis piernas; yo aún estaba muy inseguro, pero él estaba poniendo de su parte pacientemente.
Mi esposa, que sin duda notó mis nervios, se acercó a nosotros, me tomó de la mano y me puso enfrente del chico; después me besó y luego me quitó la camisa como quien dice: "hágale con confianza". El chico, al ver la seguridad de mi esposa, se sacó la camisa y se me acercó para acariciarme; primero en el pecho, deslizaba ambas manos por mi torso, mis hombros y mi abdomen. Yo solo me dejaba y miraba a mi esposa cómo se mordía los labios. De un momento a otro sentí su aliento y, de seguido, su lengua en mi pecho; el chico lamía y soplaba en mis pezones. Esa sensación la sentí entre las piernas, ¡jummm!, era la primera vez que un hombre me hacía apretar las piernas.
Mi esposa, muy atenta, notó mi reacción y asintió con la cabeza como diciéndome que todo estaba bien; yo respiré profundo y levanté la cara para dejarme llevar. El chico continuó lamiendo y chupando mientras bajaba una mano hasta mi pene; mi esposa respiró duro y yo lo tomé por el cabello para pegarlo aún más a mi pecho. Sentía cómo el calor me subía, estaba excitado; nunca me imaginé que eso pudiera pasar, pero así era. Las caricias allí abajo y su lengua en mi pecho me provocaron una erección rápidamente; no puedo negar que me sentía excitado y mi esposa más, cada caricia que este joven me hacía le provocaba más morbo a ella.
El chico me desabrochó la correa y el botón del jean; sentí pena por un momento, él me miró como pidiendo permiso, yo no hablé, no asentí, solo bajé mi mano hasta su pene y con nervios lo manoseé. No sentí su erección, pero aun así su miembro era generoso; me dio mucho morbo hacerlo. Cuando volví la mirada a mi esposa, se estaba acariciando el pubis, sssssss, eso me puso más excitado aún; conforme yo manoseaba al chico, mi esposa se acariciaba, ¡qué momento tan erótico!
Mi deseo ya era candela, los nervios se convertían en morbo; me mojé los labios y empecé a chuparle las tetillas y a pasarles la lengua. Se sentía bien, aunque hacerlo te recuerda muy bien que la piel de la mujer es muy suave y sus pezones muy grandes; aun así, se sentía bien escuchar cómo el chico ya respiraba más fuerte.
Decidí aflojar su correa y bajarle el pantalón; el chico se sacó los tenis y terminó de quitárselo. Cuando se agachó a recogerlo, pudimos ver que traía una tanga de hilo; su cadera era grande, natural pero trabajada en el gimnasio, si solo mirabas la cola con ese hilo parecía la de una mujer. Cuando se incorporó, me puse de frente a él y lo pegué a mí; le quería coger la cola, con ambas manos le agarré los glúteos, firmes y redondos, me excitó mucho cogerlo así. El chico me bajó el jean, se sentó en la cama y acercó su boca a mi pene aún con los bóxers puestos; mi esposa se puso de pie previendo lo que seguía, me miró y la miré, y solo quería que lo hiciera.
El chico bajó mi bóxer y sin pensarlo me agarró el miembro, lo tenía duro; me masturbó un par de veces y luego lo puso en su boca, sssssssss, no sé quién gimió más duro, yo o mi esposa. Ella, que ya había tomado un par de fotos, volvió a alistar el celu y tomó otras fotos del chico haciéndome la felación; la verdad lo hizo muy rico, yo le tomé el cabello y acompañé sus movimientos, estaba excitado, nunca pensé sentirme así con otro hombre.
Como estaba tan excitado, lo puse de pie y luego le indiqué que se pusiera en cuatro sobre la cama; quería manosearlo de nuevo. Le acaricié el miembro, aún no estaba erecto; aun así, le bajé la tanga y continué acariciándolo en la cola y el pene. Mi esposa no quitaba la mirada ni un segundo; le hice señas de que buscara un lubricante y un preservativo, voló por ellos, jajaja, no quería perderse nada.
—¿Te gusta? —le dije. —Mucho —respondió ella.
Me puse lubricante en los dedos y empecé a pasarlos por su ano perfectamente depilado; mi esposa no daba crédito. Yo acariciaba y ponía mi dedo en medio para que el lubricante entrara en su hoyo; lento y suave fui metiendo el dedo, se sentía bien. Mi esposa apretaba los dientes y movía la cara de lado a lado como diciendo "qué rico".
Mi erección era perfecta; masturbarlo y ponerle el lubricante me puso muy arrecho. Lo tomé de la cadera para acomodarlo y que se bajara un poco, puse el preservativo en mi miembro y empecé a moverlo en su cola, ya quería meterlo. Miré a mi esposa y de nuevo asintió con la cabeza; tomé mi pene por el glande, lo acomodé en todo su ano y empecé a empujar muy suave. No hubo resistencia, se deslizó suavemente hasta adentro; yo me quedé allí inmóvil por un momento, esperando a que su esfínter se relajara, mientras le agarraba el pene (lo tenía más duro que antes, pero aún no estaba erecto), también acariciaba sus tetillas y su espalda.
Con firmeza puse una mano a cada lado de su cadera, me empiné un poco y empecé a moverme suave de atrás hacia adelante; la sensación era muy placentera, estaba completamente excitado. No tardó mucho para que empezara a embestirlo con energía; mi esposa se acariciaba y el chico empezaba a jadear, eso me ponía más arrecho. Paré un momento, sentía que iba a terminar, nuevamente lo masturbé, pero no pude esperar más, estaba muy arrecho, así que nuevamente lo tomé duro por la cadera y de nuevo lo embestí con energía. Una y otra vez, el deseo me recorría el cuerpo, realmente estaba disfrutando de penetrarlo, era mi primera vez con un hombre y lo estaba disfrutando, mi esposa se cogía la vagina con fuerza, no sé cuál de los dos estaba más excitado, si ella o yo, continúe así y no tardé mucho en llegar, descargué todas esas ganas en un par de empujones y me dejé ir. Ssssssss que placer sentí.
Ya está hecho, mi esposa vivió su fantasía y yo lo pasé muy bien; me tiré en la cama con mi esposa y el chico se fue al baño a asearse.
—¿Te gustó? —me dijo. —Sí —respondí—, tiene un culo muy bacano. —Qué bueno, cielo, replico.
Luego regresó el chico, cruzamos un par de palabras; le preguntó a mi esposa que a ella por qué le gustaba eso y ella le dijo que eso la excitaba mucho y que teníamos la confianza para contarnos esas cosas; le agradecimos por la compañía y, después de pagarle, se marchó.
Instantes después mi esposa y yo estabamos desfogando todo ese morbo que teníamos recargado por lo que había pasado; tuvimos un sexo delicioso hablando y comentando esa experiencia, y ella, muy tímida, diciendo que había que repetir.








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