El precio del deseo
Esa noche salimos mi amiga y yo. Ella es bien gordita, obesa, con un cuerpo blando y abundante: tetas enormes que se movían pesadas dentro de su blusa, una pancita redonda y un culo grande, carnoso y suave que llamaba la atención. Yo sabía que a muchos les ponía, pero esa noche tenía otros planes.
Conocimos a un chico en un bar del centro. Era guapo, de esos que se creen algo. Desde el primer momento se fijó en mí. Me invitó tragos, me hablaba al oído, me decía lo linda que era y lo mucho que le gustaba. Estaba claramente enamorado, o al menos muy encaprichado.
Después de un par de copas, lo saqué a bailar. La música estaba fuerte y el lugar lleno. Me pegué a él y empecé a moverme provocativa. Le di la espalda, froté mi culo contra su entrepierna, bailando lento y sensual, sintiendo cómo se le ponía dura al instante. Mientras me restregaba, le susurré al oído:
—Me encanta ponerte así… pero quiero algo primero.
Él respiraba agitado, con las manos en mis caderas.
—¿Qué quieres? —preguntó ansioso.
—Quiero una amiguita —le dije sonriendo con picardía—. Ella. Mi gordita. Si quieres cogerme alguna vez, primero tienes que follártela por el culo y dejarle un buen creampie. Delante de mí. ¿Aceptas?
Se quedó callado un segundo, sorprendido, pero la calentura y las ganas de mí pudieron más. Asintió.
No quisimos ir a un motel. Lo llevé a un sitio público abandonado que conocía: un viejo edificio en ruinas cerca del río, con paredes grafiteadas, sin luces y con ese peligro que lo hacía todo más excitante. Entramos los tres. El lugar olía a humedad y abandono, pero la adrenalina lo volvía perfecto.
Lo senté en un viejo banco de concreto y le ordené a mi amiga que se pusiera a cuatro frente a él. Yo me paré detrás de ella, le subí la falda y le bajé las panties. Ese culo gordo y blanco quedó expuesto. Me pegué al chico otra vez, bailando despacio, fregándole mi culo contra su verga dura por encima de la ropa.
—¿Ves cómo me excita esto? —le susurré mientras me movía—. Me moja ver cómo te la vas a coger a ella primero. Quiero que le des duro por el culo.
Él estaba rojo, excitado y nervioso. Le saqué la verga y se la escupí para lubricarla. Luego guié su punta hacia el ano de mi amiga.
—Empuja —le ordené.
Ella gimió fuerte cuando empezó a entrar. Era grande y ella estaba apretada, pero poco a poco se la fue metiendo toda. Yo no dejaba de bailar contra él, frotándome, besándole el cuello y diciéndole al oído lo rico que se veía follándose a mi gordita.
—Más duro… Quiero que le llenes el culo —le repetía.
La cogía con fuerza. Sus manos se hundían en esa carne blanda, apretando las nalgas grandes de mi amiga mientras la embestía. El sonido húmedo de sus caderas chocando contra ese culo gordo llenaba el lugar abandonado. Ella gemía y jadeaba como una puta, corriéndose varias veces. Yo estaba empapada solo de verlos y de restregarme contra él.
MI amiga me miraba con ese dolor de puta que sabe que le duele pero no quiere que se lo saquen, así que empece a calentar mas al chico:
-Dale amor, rompele ese culo que esa gorda aguanta- ella se echo a reír mientras el chico parecia un diablo. Como siquisiera acabar rapido empezo a darle embestida sque eran contestadas con arcadas y gemidos de mi gordita bella.
- Acabale amor, acabale y me lo echas en las tetas - le dije para motivarlo pero cuando estaba por venirse, me hice detras y empuje contra el culo de mi amiga, por lo que termino viniendose dentro, mientras veía como se le regaba el esperma a mi amiga y caia al suelo
Con un gruñido fuerte le descargó todo el semen bien profundo en el culo de mi amiga. Cuando se salió, un hilo espeso de semen le chorreaba por el ano y los muslos.
Me aparté de él sonriendo. Mi amiga se acomodó la ropa todavía temblando. El chico nos miró con la verga todavía medio dura, esperando su premio.
—¿Y ahora? —preguntó con voz ronca.
Le di un besito en la mejilla y le dije con dulzura fingida:
—Buen chico… pero hoy no te toca nada de mí. Quizás en otra vida.
Agarré a mi amiga de la mano y nos fuimos riéndonos por el lugar abandonado, dejándolo ahí solo, con las ganas acumuladas y sintiéndose como un completo idiota. Lo vi por última vez sentado en ese banco, con cara de no entender nada.
Nunca le di nada. Y cada vez que lo recuerdo, me río. Lo dejamos acostadito y nos fuimos a casa... Nada que mi vibrador no compense antes de dormir.







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