Mientras María me llevaba a su cuarto, alcancé a ver como Sara se puso enfrente de José y lo pegó lo más que pudo para sentir su pene entre sus nalgas a la vez que josé le besaba el cuello y le manoseaba las tetas. La siguiente parte del relato es lo que me contó Sara:
Quería sentir el enorme pene de José entre mis nalgas y me hice enfrente de él y lo halé para que me lo restregara. El aprovechó para besarme el cuello -tú sabes cómo me excita eso- y para manosearme las teticas. Estábamos muy calientes otra vez.
Solo fue cruzar la puerta, que dejamos abierta, y José me dió la vuelta de un empujón y comenzó a besarme apasionadamente. Yo tomé su pene en mis manos y se lo masajeaba de arriba a abajo para que estuviera listo (no se demoró nada). -Lo quiero probar- le dije mientras me ponía de rodillas, lo contemplé sorprendida por todo lo que me iba a tragar y comencé a lamerlo de arriba a abajo, así como te encanta.
Seguí así unos minutos y luego comencé a lamerle la punta de a poquito y a introducirlo en mi pequeña boca, es muy grande. Lentamente comencé a mamarlo mientras que con mis manos le acariciaba las nalgas, es lampiño, no tiene la cola peludita como la tuya. Cuando ya tenía un poco más de la mitad en mi boca (no me cabía más) empecé a guiarlo con mis manos en su trasero para que saliera y entrara despacio de mí húmeda boquita, mientras con mi lengua seguía lamiendo todo lo que podía. Lo empujaba cada vez más rápido, sin dejar de humedecer ese monstruo con mi lengua. Sentí que se iba a venir y no lo dejé sacarlo, dándole a entender que se viniera en mi boca. Levanté mis ojos para ver la cara que hacía al venirse y me tragué todo lo que me dió.
Luego me levantó tiernamente y me besó, sellando esa mamada tan espectacular (así me dijo que le había parecido).
Lo dejé descansar un poco y nos sentamos en la cama, mientras seguíamos besándonos y manoseándonos. Después de un rato me susurró al oído -me encantas, estás muy rica… y ese culazo, ¡uffff! -Todo tuyo, hazme lo que quieras, pero despacio porque la tienes MUY grande. -¿De verdad? ¿Así lo hacen con Javier? -No mucho, pero también le encanta mi cola.
José me besó nuevamente y me puso en cuatro, de nuevo me lamió y mordió las nalgas mientras se dirigía a mi ano a lamerlo con la lengua para lubricar. Yo le dije que tenía una crema que estaba en la mesa de noche; con prisa se levantó, la tomó y me la echó en el ano y en su miembro. Puso la punta de su pene y comenzó a empujar lentamente, yo lo iba guiando para que mi esfínter se acostumbrara, unos minutos después ya tenía toda su polla en mi parte trasera -espera un poco, cuando te diga lo comienzas a meter y sacar muy despacio. Me dolía pero me ganaba el placer que estaba sintiendo. Cuando ya estaba acostumbrada a su tamaño empecé a moverme para que entrara y saliera al ritmo que quería. José se dejaba llevar, fui subiendo el ritmo y con él los gemidos y los bufidos de José. -Estás apretadita, ¡qué rico! - Así, dame más. ¡más rápido! ¡QUÉ RICO!.
Yo creo que ustedes nos debieron oír porque después de ese grito pudimos oír sus gemidos. Eso me puso más loca y creo que a José también. Comenzó a cogerme más duro de la cadera y me apretaba las nalgas con fuerza. -No aguanto más ¡me vengo!- Sentí de nuevo su chorro de semen dentro de mí y luego cayó rendido en la cama. Yo me giré y lo abracé y le di muchos besos en el cachete. Esperaba que tuviera fuerzas para uno más.
-¿Aguantas uno más? Quiero cabalgar tu verga. Me miró con lujuria -Eres insaciable. Te pareces mucho a María. Toca que me consientas para que esté listo de nuevo. Yo comencé de nuevo a acariciar su pene con las manos y luego con la boca, hasta que estuvo listo de nuevo (se nota que practicaban). Me hice encima de él, comprobé que estuviera bien mojada (lo estaba y mucho) y me lo metí de un solo empujón. Lo sentí hasta lo más profundo de mi ser. Me encantaba, comencé a subir y a bajar sin compasión mientras José me chupaba y mordía los pezones. Nuestros gemidos se convertían en gritos a medida que subía el ritmo de mi cabalgata. Yo ya no aguantaba más; me vine con un grito que atravesó el cuarto, el hotel, el barrio… que orgasmo ¡TAN DELICIOSO!. José no aguantó más y se vino por cuarta vez dentro de mí, jadeando y bufando. Caí agotada en su pecho.
Nos abrazamos y estuvimos así un rato, oyendo los gemidos al otro lado de la piscina. Hasta que todo quedó en silencio. José me besó - Estuvo espectacular. Eres una diosa. No vamos a olvidar estas vacaciones. En ese momento salías tú y José se dirigió a toda carrera a su cuarto, me imagino que a interrogar a su novia y a compartir experiencias. Ahora ¡CUÉNTAMELO TODO!.








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