Esta arisca la Yegua 2
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 4 min de lectura calendar_today Agosto de 2026

Esta arisca la Yegua 2

Mandaron un carro por mí. No era un Uber cualquiera: un conductor callado que ya sabía a dónde iba y no hizo ninguna pregunta. Según eso, hijo de uno de esos viejos...

lorenalorica

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Yo iba en el asiento de atrás con el corazón un poco acelerado, no de miedo, sino de esa mezcla rara de rabia y ganas de joder. Confiaba en mi tanga rojita en que no llevaba nada bajo la blusa y en qué estaba más cachonda...

Me había puesto algo sencillo, casi inocente: un vestido corto y sin sostén. Quería que pensaran que llegaba fácil… y después darles la sorpresa.

La casa olía a cigarrillo, a whisky barato y a hombres que llevaban horas bebiendo. Un poco a miados de cantina pobre. Se reunían en la terraza semi cubierta de una casa. Era un tercer piso con una vista muy linda y rodeado por toda parte de flores, jardín de la mujer anfitriona esposa de don Jaime (;Gloria, que se yo) que no estaba presente por un viaje a visitar a su madre. Aprovecho el viejo petardo.

Cuando entré, los cuatro estaban en la sala. Don Jaime se levantó de inmediato, con esa sonrisa de quien cree que ya ganó. Los otros tres me miraron de arriba abajo sin disimulo. Ninguno era joven. Todos pasados de los cuarenta, con panza, con olor a alcohol y con esa mirada de quienes hace rato no tocan algo que realmente les excite.

Estaba Raúl, mejor amigo de Jaime. Viejo escuálido, culisecp, algo peludo en el pecho y que llevaba camisa y jean y botas. Acababa de " salir de la rusa". Pepe, hermano de Gloria. Viejo Moreno de altura y fuerza considerables. Y mi favorito, y lo peor, el papá de Laura, compañera del colegio.

—Llegó la yegua —dijo Jaime, riéndose.

- Yo sonreí.- No de amabilidad. - De otra cosa.- me quería hacer sentir algo tímida algo decente, aunque este viejo ya me conocía.

Me ofrecieron trago. Acepté. Dos copas máximo. Me senté en una silla giratoria que estaba ahí con la piel directo sobre la cuerna barata y la minifalda apenas cubriendo el pecado.

-y entonces, don Jaime

-mamita está es como quiere no ?

- como así don Jaime

-Ñññuñ ññu ñiuu ñaiññe

Se burló de mi ese Cucho mk. Y prosiguió - Aquí ya todos saben que sumercé es toda perrita.

Contexto.

Laura dejo abierto el chat de Messenger en aquella época. Allí le describía como me había metido con dos negros en un viaje y como les había hecho y deshecho, que era de mis primeros dp.

-Y entonces que quiere don Jaime? Me va a tratar mal yo me voy.

- aguarde mamita, aguarde.

Me salto los detalles. Pero al ver la cifra, obediente me senté en el sofá entre dos de ellos y dejé que me tocaran un poco las piernas, como si no me importara. Mientras tanto, observaba. Uno era más callado, otro más hablador, el tercero no dejaba de mirarme el escote. Jaime se sentía el dueño de la situación. Les contaba cosas de mí, exagerando, inventando, disfrutando de tener a “la perra” de su hija frente a sus amigos.

Yo dejé que hablaran.

Dejé que se creyeran el cuento. Cada uno iba agregando más detalles y más cosasientras veía sus bultos crecerles.

En un momento me paré, me acerqué a la mesita donde tenían el licor y, sin decir nada, me subí el vestido hasta la cintura. Yo llevaba ropa interior rojita. Los cuatro se quedaron callados un segundo. Después uno soltó una risa sucia. Otro se acomodó en el asiento. Jaime me miró con los ojos brillantes, como si por fin estuviera confirmando todo lo que les había contado.

—¿Ven? —dijo él—. Les dije que era tremenda perra.

Yo me agaché despacio, les recogí el vaso a uno, le serví más whisky al otro, y mientras lo hacía les dejé ver todo. No me toqué. No les pedí que me tocaran. Solo existía ahí, disponible y a la vez fuera de su control.

Esa era la primera parte de mi idea, dejarlos excitados, dejarlos creyendo que ya me tenían… y todavía no haberles dado casi nada.

Uno de ellos, el más borracho, intentó agarrarme del culo. Yo me zafé con una sonrisa y le dije bajito:

—Despacio, papito. Todavía no he cobrado.

Jaime se rió, pero se notó que le picó el comentario. Sacó la billetera y dejó unos billetes más sobre la mesa. Yo los miré, los conté con la mirada y asentí. Todavía no era suficiente, pero era un comienzo.

La noche apenas estaba empezando.

Y yo todavía no había decidido hasta dónde iba a llegar con ellos… o hasta dónde los iba a dejar llegar a mí.

— lorenalorica

12 de agosto de 2026

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