Amigo ratón del queso
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 4 min de lectura calendar_today Agosto de 2026

Amigo ratón del queso

Aveces un plan tranqui termina en venida

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quedado en “solo un rato”. Mentira. Todos lo sabíamos desde que cerró la puerta con llave.

Mi amiga se sentó en el sofá. Yo me quedé de pie. El vestido corto se me pegaba a los muslos y marcaba el peso de mi culo cada vez que me movía. Delgada de cintura, pechos modestos, pero el piercing del pezón izquierdo rozaba la tela fina y ya me tenía los pezones duros. El de abajo me rozaba el clítoris con cada paso y me tenía el coño húmedo antes de que nadie me tocara.

Él nos miraba a las dos. Había hambre y culpa en sus ojos. Yo también la sentía. Ella era mi amiga. Habíamos compartido casi todo… excepto esto.

Se acercó a mí, me agarró de la nuca y me besó profundo, sucio, con lengua y saliva. Mi amiga no se movió. Solo miró. Él bajó la cremallera de mi vestido y me lo bajó hasta la cintura. El piercing del pezón izquierdo quedó al aire. Lo tomó entre los labios y tiró del metal mientras chupaba con fuerza. El tirón me recorrió entero hasta el coño. Gemí dentro de su boca.

Mi amiga se levantó. Se acercó por detrás, me rodeó la cintura y me besó el cuello, lento, caliente. Sentí su pecho contra mi espalda y su mano bajando por mi vientre hasta meterse bajo el vestido. Sus dedos encontraron mi tanga ya empapada. La apartó y rozó el piercing de mi coño. Lo movió suavemente mientras él seguía chupándome el pezón. El metal rozaba mi clítoris y me hizo abrir más las piernas.

Nos giramos. Nos besamos. Su lengua entró en mi boca mientras él se arrodillaba delante de mí, me bajaba la tanga y me abría con las manos. Metió la lengua profundo, lamiendo desde abajo hasta el piercing, rodeándolo, tirando de él con los labios. Yo gemía dentro de la boca de mi amiga, más fuerte cada vez que él chupaba.

Las dos nos arrodillamos frente a él. Sacamos su verga juntas. Estaba gruesa, caliente, goteando por la punta. Yo la tomé primero. Abrí la boca y la bajé despacio hasta sentirla golpearme la garganta. La saliva corría por el tronco. Ella lamió las bolas y el tronco al mismo tiempo, su lengua rozando mis labios cada vez que yo subía. Luego cambiamos. Él nos agarraba del pelo a las dos, empujando, mirándonos chupar, el sonido húmedo llenando el apartamento.

Me levanté, me senté a horcajadas sobre él y bajé despacio. El piercing interno rozó el glande cuando entró. Me senté hasta el fondo, sintiendo cómo me llenaba por completo. Él soltó un gemido largo y me agarró el culo con las dos manos, apretando la carne, separando las nalgas. Empecé a moverme. Subía y bajaba, el culo golpeando contra su pelvis, el metal dentro de mí rozando con cada embestida.

Mi amiga se subió al sofá a mi lado, se abrió de piernas y me empujó la cabeza hacia su coño. Lo chupé mientras él me follaba desde abajo. El sabor de ella, el olor, el sonido de mi boca y el de su verga entrando en mí se mezclaban. Él me agarró del pelo y me tiró hacia atrás, embistiéndome más fuerte. Cada golpe hacía que el piercing se moviera dentro de mí y me sacudiera el clítoris. Yo seguía lamiendo a mi amiga, más rápido, más sucio, chupándole el clítoris mientras ella se retorcía.

Ella se corrió primero, apretándome la cabeza contra su coño, mojándome la cara mientras gemía. Él no se detuvo. Me levantó, me puso de rodillas en el sofá y me entró por detrás de un solo empujón. Me agarró del pelo con una mano y me folló profundo, sin piedad. Con la otra me rodeó la cintura y me frotó el clítoris, jugando con el piercing, tirando de él cada vez que embestía. Me corrí fuerte, contrayéndome alrededor de su verga, mojándolo todo, las piernas temblando.

Siguió embistiéndome hasta que sentí que se ponía más duro. Lo saqué, me giré y lo tomé otra vez en la boca. Mi amiga se unió. Las dos chupábamos, las dos lamiamos, las dos nos turnábamos la punta. Cuando se corrió, lo hizo en mi boca primero. El semen caliente y espeso me llenó la lengua. Tragué parte. El resto me resbaló por la barbilla y cayó sobre mis pechos, manchando el piercing del pezón izquierdo. Ella se inclinó y lo lamió de mi piel, despacio, saboreándolo.

Nos quedamos los tres en el sofá, sudados, respirando agitado. El olor a sexo, semen y calor llenaba el cuarto. Él nos pasó la mano por el pelo a las dos. Yo miré a mi amiga y ella me miró a mí. La culpa ya estaba ahí… pero el deseo todavía latía más fuerte entre las piernas.

— xxxagiexxx

31 de agosto de 2026

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