La dulce sal de Sara. Parte tres.
Relato de comunidad Jovencitasschedule 6 min de lectura calendar_today Septiembre de 2026

La dulce sal de Sara. Parte tres.

Y entonces estaba ahí, a punto de descubrir el sabor mas enloquecedor y exitante que había probado en toda mi corta vída, entre las piernas de mi prima...

Jean C. King

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En esos momentos no podía creer lo que estaba pasando, tenía enfrente de mi a la mujer con la que soñaba todas las noches y a la que le dedicaba mis pajas nocturnas, y ahora me estaba ofreciendo probar toda su intimidad.

-¿Como quieres que lo haga?- le dije tratando de no ahogarme con las palabras.

-no lo sé, nunca lo he hecho, solo trata de ser cuidadoso y delicado- me dijo mientras apretaba sus manos tratando de ocultar su nerviosismo.

-ok, siéntate en la orilla de la cama y recuestate para que estés más cómoda - le indiqué tratando de tomar la iniciativa y el control, no quería que pensara en arrepentirse si le dábamos más vueltas al asunto.

La verdad no tenía ni idea de qué hacer, a lo mucho había visto alguna que otra revista con poses sugerentes, no era como en estos días que los chamacos pueden encontrar cualquier información en internet, yo no sabía pero podía hacerme una idea y no quería perder la oportunidad.

Me arrodillé frente a ella mientras veía cómo agarraba con fuerza la colcha de mi cama, mientras yo veía maravillado como sus piernas se iban mostrando debajo de su falda, puse mis manos en sus rodillas y comencé a recorrer despacio su piel blanca hasta empezar a meterlas debajo del Jumper azul, fui subiendo la tela hasta exponer la blancura de sus bragas, me dirigí a las orillas y poder sentir el delgado encaje, tome la prenda y la fui bajando poco a poco disfrutando de lo que se iba mostrando, su piel era suave, y pude ver un pequeño montón de bellos oscuros, justo sobre mi objetivo, termine de bajar las bragas no sin antes detenerme unos segundos en sus calcetas blancas, no sé porque me obsesionan tanto, tienen un no sé que, que me exita mucho, después de liberar sus lindas piernas de la blanca prenda, la apreté entre mi mano y la guarde en el bolsillo de mi pantalón.

-me encantas prima, eres bellísima y si no fueras mi prima te pediría que fueras mi novia - le dije tratando de ser romántico sin darme cuenta que el parentesco nos había llevado a esta situación.

-gracias Carlos, dime qué quieres que haga-

-solo habré más las piernas, de lo demás yo me encargo - le dije mientras separaba suavemente sus piernas y comenzaba a acercar mi cabeza al espacio que se estaba abriendo, los nervios no me dejaban en paz así que fui dándole besitos en las caras interiores de las piernas, ella empezó a moverse y tener pequeños espasmos cada vez que tocaba su piel con mis labios. Seguí acercándome y entonces pude verlo, esos delgados pliegues de piel debajo de un grupo de bellos más gruesos y amontonados, eran extrañamente atractivos, acerque mis dedos y comencé a separarlos, entonces apareció esa hermosa piel rosada, brillante por la humedad que cada vez se notaba más, dos orificios uno más grande que el otro, acerque la punta del dedo al más grande y Sara dió un brinco, después, sobre el orificio más pequeño, un bultito, como un botón, lo toque y Sara brinco aún más y acompañó el brinco con un pequeño sonido que salió de su boca.

-¿Estás bien? Le pregunté.

- si, solo sigue -

Entonces acerque mi lengua, recorrí prácticamente todo su sexo dando lenguetazos buscando las zonas más sensibles para Sara, el sabor me estaba inundado, esa humedad salada con lijeros toques de sudor, un licor dulce y salado a la vez, y entonces lo encontré, el pequeño botón, al tocarlo su cuerpo respondía de forma diferente se tensaba y sus piernas apretaban mi cabeza, ella comenzó gemir y a arquear su espalda, mientras yo acariciaba sus muslos con mis manos. Cada vez tenía la sensación de más humedad sabía que no era solo mi saliva era algo más, mi lengua seguía pasando por ese botón, que cada vez se ponía más duro, en ocasiones podía darle pequeñas chupadas poniendolo entre mis labios.

Sara temblaba y se retorcía, y sus gemidos eran cada vez más fuertes, entonces comenzó a hablarme.

-¡Siiiii! Sigue así primo, es muy rico, sigue, sigue!-

Sus palabras me motivaron a ser más atrevido, en ocasiones baja un poco y pasaba mi lengua por la entrada del orificio más grande, y eso le gustaba.

-¡Siiii primo! Me encanta tu lengua, sigue, sigue-

Sus piernas comenzaron a apretarme más, incluso deje de escuchar, podía verla desde mi posición, ella temblaba y arqueaba su espalda, con una mano se aferraba a la colcha mientras la otra se colaba entre los botones de su blusa y masajeaba uno de sus pechos, eso me facinaba, sabía que lo estaba haciendo bien, y entonces paso, sus piernas apretaron más, su cuerpo comenzó a temblar y Sara se quedó callada como si estuviera conteniendo la respiración, sus manos me tomaron de los cabellos, me dolía, pero extrañamente me gustaba, ella soltó un gemido fuerte mientras tenía espasmos y sus manos me alejaban de su sexo.

Había terminado y ella ni siquiera podía hablar, sus ojos estaban cerrados y pude ver algunas lágrimas saliendo de sus ojos, salí de entre sus piernas mientras ella se recogía en una posición casi fetal.

- ¿Te gustó?-

-mmm mu... mucho!- me respondió apenas, con el cuerpo temblando y reaccionando a la defensiva con cada toque que le hacía.

Yo estaba extasiado me sentía emocionado, por fin había cumplido mi sueño, estar entre las piernas de Sara probarla saborearla sentir su piel con mi lengua y lo había logrado y a ella le había gustado.

Me recosté a su lado, también me sentía agitado era mucha la excitación que tenía, ella seguía recogida temblando, agitada, quería abrazarla, quería besarla, quería seguir, pero no me atrevía, no quería echarlo a perder. Después de un par de minutos ella se incorporó y volteó a verme, yo estaba boca arriba sobre la cama entonces me hizo una pregunta.

-¿Carlos, que demonios es eso?-

Televisión no había caído en cuenta que tenía una erección, la emoción y la excitación fue tanta que mi verga estaba muy hinchada y empujaba hacia arriba la tela del pantalón, fue entonces cuando me di cuenta del dolor y la incomodidad que sentía.

-¿quieres que te ayude con eso?- me dijo Sara con una voz suave y viéndome a los ojos.

-¿Por favor?- le dije tratando de no sonar nervioso no podía creerlo me comí a mi prima y ahora ella estaba ofreciendo comerme a mí. Yo estaba recostado sobre la cama boca arriba y con las piernas cayendo en la orilla de la cama, ella se arrodilló y se acercó poco a poco a mi entrepierna pasó sus manos sobre la tela del pantalón acariciando el bulto que amenazaba con romper la tela que lo aprisionaba.

Sus manos se dirigieron a mi cinturón, lo desabrocharon al igual que mi pantalón, tomó la maquinilla del cierre y la deslizó hacia abajo, después comenzó a jalar mi pantalón hacia las rodillas dejando mi boxer a la vista como carpa de circo.

-¡Waww! ¿Puedo conocer a tu amiguito?- me dijo mientras pasaba su mano suavemente sobre la tela del boxer apretando de vez en cuando el cuerpo de mi verga.

-claro está ansioso por conocerte- le dije mientras la veía y el corazón se me aceleraba al saber qué es lo que se acercaba.

-¡Sara! Ya llegamos, ¡bajen a ayudarnos!...

— Jean C. King

24 de septiembre de 2026

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