Cuando te comparan con medusa
Ella es Medusa.
No la monstruosa de las leyendas. Esta es otra. Más peligrosa. Más voraz.
Sus ojos semi cerrados te miran como si ya te estuviera saboreando. La boca entreabierta, los labios húmedos, la lengua rozando apenas el aire como si oliera tu deseo desde lejos. Hay algo en ella que no es solo belleza: es hambre. Un hambre antigua, profunda, que no se sacia con caricias suaves ni con promesas.
Ella es lujuria.
Ella es un placer que te traga entero.
Ella es una explosión de seducción que no pide permiso.
Cuando te acerca, no es con delicadeza. Te toma por la nuca y te besa como quien reclama. Su lengua entra en tu boca con avidez, lamiendo, chupando, robándote el aliento. El perfume que desprende no es dulce: es caliente, espeso, casi animal. Te envuelve. Te penetra por la nariz, por la piel, por la sangre. Te hace temblar antes incluso de que te toque más abajo.
Ella es atrevida.
Ella sabe que es bella.
Pero su esencia sensual no se conforma con ser deseada: necesita devorar.
Te empuja contra la pared. Sus manos bajan, te liberan, te toman con firmeza. Cuando se arrodilla frente a ti no es sumisión; es posesión. Te mira desde abajo mientras te introduce en su boca de un solo movimiento profundo, húmedo, voraz. Chupa como si quisiera vaciarte. Como si tu deseo fuera el único alimento que necesita. Sus labios se cierran alrededor de ti con una presión perfecta, su lengua gira, empuja, reclama. Cada movimiento es una declaración: esto es mío.
Gimes. Ella solo responde con un sonido gutural de placer, como si el sabor de tu necesidad la excitara más que cualquier caricia.
Cuando se levanta, te hace recostar. Se sienta sobre ti y se hunde de un solo golpe. Caliente. Apretada. Insaciable. Empieza a moverse con una cadencia profunda y lenta al principio, sintiendo cómo la llenas, cómo latís dentro de ella. Luego acelera. Sus caderas se vuelven codiciosas. Te usa. Te monta como quien toma lo que le pertenece. Cada embestida es un acto de hambre. Cada gemido que se le escapa es un “más”.
—Dámelo todo —susurra contra tu boca, mordiéndote el labio—. Quiero sentirte perderte en mí.
Ella es dueña de sus deseos.
Y esta noche su deseo es tragarte por completo.
Se inclina, te muerde el cuello, te araña la espalda mientras se mueve más rápido, más profundo. Su sexo se contrae alrededor de ti en oleadas calientes, exigentes. Te obliga a sentirla. Te obliga a entregarte. Cuando llega, lo hace con un temblor violento, clavando las uñas en tu pecho y soltando un gemido largo, gutural, como si estuviera bebiéndote desde adentro. Su orgasmo te arrastra. Te vacía. Te deja temblando mientras ella sigue moviéndose encima de ti, lenta ahora, saboreando los últimos espasmos, negándose a soltarte todavía.
Cuando finalmente se detiene, no se aparta. Se queda encima, todavía llena de ti, respirando agitada contra tu cuello. Su perfume sigue envolviéndote. Su cuerpo sigue reclamándote en silencio.
Ella es sexy.
Y su deseo no es una invitación.
Es una sentencia.
Medusa no necesita convertirte en piedra.
Solo necesita que vuelvas…
para volver a devorarte.
Atenea666







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login EntrarQue comparación tan adecuada mi amor 🔥🔥🔥🔥😈💋🍷🍷🍷🍷🦄🙌🏽