Alguien me recordo de mi epoca de swinger con mi ex - ahora en el sauna parte 2
Relato de comunidad Bisexualesschedule 5 min de lectura calendar_today Octubre de 2026

Alguien me recordo de mi epoca de swinger con mi ex - ahora en el sauna parte 2

En el centro vacacional, el juego con la pareja sube de tono: roces en la piscina, besos apasionados ante miradas curiosas y un trío en el turco que culmina en cabalgatas alternadas. El gordo peludo y el atlético compiten por...

luisalejo

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Después de aquel primer encuentro en la cabaña, el hielo quedó completamente roto. Me integré con los cuatro como si llevara años de amistad. Las charlas fluían con facilidad, las bromas subían de tono y las risas se mezclaban con miradas cargadas de intenciones. En la piscina, la dinámica cambió. Ella se arrimaba disimulada —o no tanto—, restregando sus nalgas contra mi paquete cuando nadie miraba, o incluso cuando sí. Apretones descarados, pellizcos en mi verga, su mano deslizándose por debajo del agua hasta rozar mi verga por encima de la tanga. El gordo peludo no se quedaba atrás: nadaba hasta quedar detrás de mí y acariciaba mis nalgas con lentitud, a veces metiendo los dedos dentro de mi bañador, abriéndome las nalgas bajo el agua con una familiaridad que me erizaba la piel. Ella era más lanzada, más directa, pero en general la tarde del sábado se convirtió en un juego que iba subiendo de tono sexual sin freno. Y eso empezo a llamar la atención en el centro vacacional. Miradas inquisidoras desde las sillas del bar, señoras escandalizadas que fingían no ver pero giraban la cabeza, y otros —muchos más, la verdad— con ojos de curiosidad abierta, casi envidiosa. El morbo se disparaba con cada mirada ajena.

Una de esas situaciones fue cuando fui a comprar un paquete de papas al pequeño almacén del centro. Ella estaba con el esposo, pero decidió acompañarme. Le dio un beso en la boca a él —largo, con lengua, como retándolo— y se fue conmigo tomándome de la mano. Al llegar a la puerta de la tienda, me jaló por la cintura y me besó en la boca, un beso profundo, húmedo, con su lengua buscando la mía. Una pareja que estaba eligiendo gaseosas nos miró con los ojos abiertos, sin saber si juzgar o quedarse mirando. Ella me mordió el labio inferior y se separó con una sonrisa. En ese momento llegó la otra chica, la de la segunda pareja, y sin decir nada nos unió en un beso de tres, las tres lenguas jugueteando en un intercambio delicioso que dejó a la pareja del pasillo completamente paralizada.

Luego decidí entrar al turco. Ellos quisieron acompañarme y entramos solo los hombres. El vapor espeso lo cubría todo. Me senté en el banco de porcelana y cada uno se acomodó a mi lado, el gordo a la izquierda, el atlético a la derecha. El gordo empezó a acariciarme la pierna con su mano gruesa y peluda, subiendo despacio por el muslo. El atlético, de repente, hizo lo mismo desde el otro lado. Me besaron eramos los tres, las lenguas jugueteando, entrelazándose, con besos húmedos que se perdían entre el vapor.

Fui abriendo las piernas, levantándolas y posándolas encima de las de ellos, quedando completamente abierto. Sus manos buscaron entre mis nalgas, encontraron mi esfínter y empezaron a meterme los dedos: primero uno, luego dos, abriéndome con paciencia mientras yo gemía con la boca llena de lengua. Mis nalgas quedaron al aire, expuestas. De repente me moví, me arrodillé deslizándome entre los dos y empecé a mamar la verga de uno y luego del otro. El preseminal del gordo era definitivamente el más rico: almendroso, dulce de fondo con una presencia metálica ligera, cristalino con un toque blanco muy chévere. El del atlético era mucho más amargo y fuerte, intenso. Me alternaba entre las dos vergas, mamando con ganas, con la boca caliente y el vapor rodeándonos, el gordo decia que lo mamaba muy rico.

El gordo peludo me dijo que si lo montaba. Me puse de pie, me bajé la tanga solo de atras exponiendo mi culo y me empecé a sentar sobre su verga, con mis manos abriéndome las nalgas para que mi ano se abriera y lo recibiera. Lo cabalgué por unos minutos, sintiendo cada centímetro adentro, la forma de su cuerpo peludo contra mis nalgas. El atlético se pajeaba mirándonos. El gordo dijo que el otro también quería. Me puse de pie, con el ano dilatado y caliente, y me senté sobre la verga del atlético. Justo cuando estaba cabalgándolo, oímos que alguien se acercaba. Nos compusimos rápido: tapados, sentados como si nada. Entraron como cinco personas, escapó vapor por la puerta, y el silencio fue eterno. Pero el calor los sacó muy rápido, dejándonos solos nuevamente.

Reanudamos, cabalgándolos alternadamente, de uno al otro, con el ano cada vez más abierto y húmedo. Estaba cabalgando al gordo cuando se abrió la puerta otra vez, no los oímos acercarse. Disimulamos lo posible, pero era obvio. Entraron dos hombres maduros. Un silencio incómodo. Pero uno de ellos dijo: «Aguantan culiar con este calor... si quieren seguir en lo que iban y podemos ver.» Nos miramos con cara de complicidad. Me subí al banco de porcelana donde estaba sentado el gordo, me senté encima de él en cuclillas, y así duré un rato. Pero terminé arrodillado y le pedí al atlético que se pusiera detrás. Me clavaron los dos. Los maduros miraban en silencio.

El atlético sacó su verga y me apoyó contra el banco de loza, en posición de perrito. Se puso detrás y me clavó con frenesí. «Levanta las nalgas, así, perra», me decía, y su ritmo aumentaba. Yo me besaba con el gordo peludo mientras me culiaban, las lenguas enredadas, el vapor espeso, los gemidos resonando. No bajó el ritmo hasta terminar: su leche caliente muy dentro de mí, caliente y espesa, llenándome. La sacó y me senté encima de la verga del gordo, que seguía debajo mío. Empecé a cabalgarlo con el ano lleno de leche. Tuve un orgasmo prostático: mi verga convulsionó sin ser tocada y mi semen cayó en su panza peluda. El gordo, al sentir su panza mojada de mi leche, se calentó de una forma brutal y empezó a darme duro desde abajo, bombeando con fuerza hasta que su leche emanó dentro de mi culo, caliente, mezclándose con la del otro.

Salimos después de recobrarnos. El calor era demasiado. Y el clima de Melgar parecía frío cuando salimos. Lo grave es que esto sigue

— luisalejo

23 de octubre de 2026

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