Todos los relatos que compartimos son recuerdos muy agradables de momentos muy eróticos que mi esposa y yo hemos vivido en estos años de vida swinger.
Hacía algún tiempo que no contábamos nuestras experiencias, de hecho, nos habíamos alejado por situaciones familiares. Hemos conocido a algunos amigos nuevos, pero pocos han cumplido sus expectativas; los que lo han hecho son muy dubitativos o esperan a que nosotros llamemos, y la verdad, eso no pasa.
Pero siempre hay alguien decidido. A este amigo lo vamos a llamar Simón. Nos contactó por guía cereza, nos escribió un mensaje amable, respetuoso y bien redactado, algo que para ella es muy importante. En ese mensaje nos comentó que le gustaron nuestras fotos y que los relatos lo ponían a pensar en ser parte de uno de ellos. Él vive fuera del país, pero está pasando una temporada en su casa, nos contó que quiere vivir la experiencia de un mundial en Colombia. Por eso tiene tiempo para salir y hacer cosas.
El tiempo entre el primer contacto y la invitación a conocernos fue corto, sin prisa, pero con seguridad. Nos conocimos en un lugar muy bonito al que a mi esposa y a mí nos gusta ir porque la comida es buena, la atención es amable, se puede escuchar música para cenar y en el mismo lugar se puede bailar.
Esa noche, como en todas las primeras citas, conversamos de nuestros gustos, nuestros trabajos y de la experiencia swinger de cada uno. Nos contó que en Estados Unidos conoce varias parejas con las que sale con frecuencia, que aquí en Colombia tiene un par de amigas con las que viene a divertirse. También nos contó que por su salud estaba pasando varios días en el país. Su conversación fue amena y mostró mucho interés en saber lo que a ella le gustaba, lo que le había gustado de las experiencias que hemos publicado, y eso hizo que la conversación no fuera solo de sexo sino de preferencias y cosas divertidas.
Cenamos, conversamos y la música y el ambiente en el lado de rumba del restaurante sonaban muy alegres, por lo que nos propuso seguir el encuentro allá. Ella aceptó y fuimos a la disco. La música principal era salsa, había una mujer cantando de muy buena forma canciones que nos gustan mucho. Si han leído relatos anteriores, saben que para mi esposa bailar es la cuota inicial de un polvo. Simón fue muy amable y bailó con ella varios temas. Verla bailar con otro es algo que me parece muy erótico, sobre todo cuando sé que puede terminar en buen sexo. La conversación siguió amena y divertida, ya hacían planes del próximo encuentro y de cómo sería volver a vernos. Simón nos contó que su hermano estaba llegando para irlo a buscar, que la había pasado muy rico y que le encantaría volver a vernos. Ella respondió que sí, que quedaba pendiente una buena bailada; nos despedimos amablemente y quedamos de seguir en contacto.
De regreso a casa no hablamos del encuentro; pensé que no le había gustado y que no pasaría nada más.
Durante varios días después, Simón y yo seguimos conversando acerca del encuentro pasado, le compartí fotos casuales que le tomé a mi esposa cuando está distraída haciendo cosas y veo lo hermosa y provocativa que es. Le conté a ella que Simón le enviaba saludos y que quería volver a verla. Su respuesta me confirmó su interés en que pudiéramos volver a vernos.
Después de dos intentos fallidos de organizar la salida, logramos cuadrar para vernos un sábado, ese parece ser el día favorito de Simón. Nos invitó a cenar a una zona muy bonita de la ciudad, cerca de su Airbnb, y de varios bares. Ella quiso usar un enterizo muy sensual, lo usa siempre sin ropa interior. Se organizó y salimos para el encuentro. Los ojos de Simón brillaron de sorpresa al ver cómo ella estaba vestida para ese encuentro.
La cena fue muy parecida al primer encuentro, conversamos de los tres, de lo que hicimos desde la última cita y de lo que esperábamos que pasara en el mundial de fútbol que estaba próximo a iniciar. Nos habló de un lugar para bailar y escuchar música que está cerca del restaurante, ella aceptó gustosa. Una vez en el lugar, el ambiente era alegre y divertido, conversamos, cantamos, ella nos bailó un poco, bailó con él varias canciones que grabé en mi cámara, fue erótico verlos bailar. El licor fue haciendo efecto y al final de la noche, cuando prendieron las luces, Simón le preguntó si quería seguir tomando en su apartamento. Que allá tenía más del licor que estábamos tomando y que sería rico poder desnudarla. Ella, con una sonrisa pícara, dijo que sí.
Cuando llegamos a su apartamento, le sirvió más licor y seguidamente empezó a besarla y a acariciarla sobre su vestido, que lentamente le abrió paso a sus manos que la fueron desnudando lentamente. Inicialmente, en el sofá de la sala, le descubrió sus senos que besó apasionadamente, su erección era evidente y ella le pidió que sacara su pene, cuando lo vio me pidió que le pasara un aceite que sin contarme llevaba en su bolso. Se lo pasé y ella lo untó todo con sus manos y empezó a mamárselo lentamente. Simón se ponía cada vez más erecto y ella decidió meterlo entre sus senos. Mi cámara disparaba rápidamente mientras mis ojos disfrutaban el erotismo del momento.
Ella pidió una pausa para ir al baño. Cuando salió, llevaba puesta una malla súper erótica que nos calentó a Simón y a mí. El encuentro siguió en la habitación. La besó lentamente y la acostó boca arriba para hacerle sexo oral. Esto es algo que ella disfruta mucho; si lo hacen bien, puede terminar en noches muy calientes. Mi cámara y mis ojos disfrutaban viendo cómo Simón acariciaba cada parte de su sexo; ella, con sus ojos cerrados y esa expresión de placer en su rostro, disfrutaba, Cuando ella pone sus manos sobre la cabeza del hombre que le está haciendo sexo oral, quiere decir que está cerca del orgasmo. La habilidad de Simón con su lengua prolongó ese momento hasta que ella, explotando de placer, le gritó que la penetrara.
Simón se acostó boca arriba, se puso el condón en su miembro erecto y la penetró lentamente. Son pocos los que aguantan una cabalgada de mi esposa, pensé que la noche terminaría rápido. Ella, como había pedido antes, lo cabalgó para llegar a su segundo orgasmo; mientras terminaba, Simón levantó un poco su cadera y la clavó rápida y ferozmente, lo que la hizo gritar de placer. Ese orgasmo fue largo y ruidoso; ver su piel erizada de placer me puso a mil. Así siguieron por varios minutos, que mi cámara registraba con la emoción de un futuro video. Cuando ella le pidió a Simón una pausa para descansar sus caderas de ese viaje erótico, aproveché para ponerla en cuatro y con su vagina aún temblando de placer, clavarla fuertemente.
Simón siguió tomando licor con ella, le dijo que quería verla totalmente desnuda y le quitó la malla que se quedó con todo el olor de su sexo explotado de placer. Ella se tumbó boca abajo, descansando un poco de esa faena. Su culo hermoso y redondo motivó a Simón a iniciar un masaje que ella reconoció con suaves gemidos de aceptación, acarició su espalda, sus nalgas, sus piernas y besó sus pies con pasión. Simón aún no se había venido y ella le preguntó si se iba a quedar así. Ella se sentó frente a él que estaba recuperando la erección, la besó, tomaron más licor, y ella le pidió que la clavara en cuatro. Simón se puso el condón, ella se acomodó, levantó su culo y él la clavo lentamente, me pidió que grabará ese momento, y yo, como buen camarógrafo, obedecí. Empezó lentamente; ella gimió de placer. Simón fue aumentando su ritmo y ella aumentó los gemidos. Eso nos arrechó a los dos. Ella le pedía que le diera más fuerte, que estaba muy grande, que le diera más. Simón la embestía con gran pasión y ella gemía satisfecha, unos minutos después llegó a otro orgasmo húmedo y caliente. Ella fue al baño. Mientras regresaba, Simón me dijo que estaba listo para venirse y me preguntó si podía hacerlo en sus tetas.
Ella regresó y se acostó al lado de Simón, se veía cansada, pero a la vez satisfecha. Simón me pidió que le contara lo que me había dicho. Le conté y le dije que no lo podía dejar así, que no era justo. Nos dijo que estaba cansada, a lo que Simón le respondió: «No tienes que hacer nada, quédate quieta». Se besaron de nuevo y Simón recuperó su erección, ella estaba boca arriba, él abrió sus piernas y la penetró lenta pero profundamente. Le bajo las piernas y así clavada le hablo a sus oídos, le pidió que le apretara la verga, que se moviera lentamente, ella seguía sus instrucciones, él inmóvil, seguía diciéndole que hacer. Pasaron algunos momentos de escuchar a Simón y de verla moverse; de repente, ella empezó a temblar de placer. Esa penetración profunda la tenía arrechísima. Él seguía inmóvil, viendo cómo su rostro se convertía en otro gran orgasmo. Gimió más fuerte que los tres anteriores y quedó tendida en la cama, con un hermoso gesto de placer.
Simón le pidió que le mamara la polla, que otra vez estaba enorme, ella cansada lo hizo, fue una mamada firme y caliente, Simón tocaba sus tetas y su cuerpo como si no lo conociera. Ella seguía chupando; él ya mostraba gestos de placer. Ella seguía, decidida a hacerlo venir. Unos minutos después, Simón dejó caer en sus tetas una eyaculada enorme, acompañada de gemidos de placer. Así acabó una noche muy erótica.
Al terminar, ella dijo entre risas: «Este partido quedó 4-1».








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