Halloween 2024 Piso 11 de Valle del Lili
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 5 min de lectura calendar_today Noviembre de 2026

Halloween 2024 Piso 11 de Valle del Lili

Halloween 2024. Me escribió una pareja por Guía Cereza. El mensaje era claro y directo. Querían que fuera esa misma noche. Me pidieron exámenes de ETS del día. Sin excepciones.

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Halloween 2024 Piso 11 de Valle del Lili

Halloween 2024. Me escribió una pareja por Guía Cereza. El mensaje era claro y directo. Querían que fuera esa misma noche.

Me pidieron exámenes de ETS del día. Sin excepciones.

Fui a tomármelos esa misma mañana. El centro de diagnóstico estaba lleno. El aire olía a desinfectante y a café barato de máquina.

Me senté a esperar mi turno con el número en la mano. Unos minutos después entró una pareja. Ella iba adelante. Alta, cuerpo atlético, cabello recogido en una coleta, piernas fuertes marcadas por leggins negros. Los senos se notaban incluso bajo la chaqueta.

Él, mayor, iba detrás con una carpeta de papeles. Se sentaron a tres sillas de distancia. En ese momento no les presté demasiada atención. Solo registré el contraste: ella en forma, él más discreto.

Cuando me llamaron, pasé. Me hice las pruebas. Todo salió negativo. Al salir volví a cruzarme con ellos en el pasillo.

Ella levantó la vista un segundo. Nuestros ojos se encontraron. Fue un instante. Nada más. Seguí de largo.

Esa misma tarde me confirmaron por chat que sus resultados también eran negativos. Especialmente los de ella. Quedamos a las nueve de la noche en Valle del Lili.

Llegué al edificio. El lobby olía a piso recién trapeado. Subí hasta el piso 11. Toqué.

Abrió ella. Valentina. 34 años. Atleta de triatlón. Cuerpo trabajado, piernas fuertes, abdomen marcado, hombros definidos.

Senos operados, un promedio 36D que se imponían bajo una blusa negra ajustada. Piel morena clara. Cabello todavía recogido.

Detrás de ella estaba Roberto, 45 años, ingeniero civil. Cornudo de racamandapa. Mirada baja, postura contenida.

Entré. Cerré la puerta con un clic. El apartamento olía a perfume suave y a aire acondicionado. No saludé. Miré primero a Roberto.

Desde que crucé esta puerta mando yo. Tú no la tocas. No te vienes. No hablas a menos que yo te lo pida. Te sientas donde yo te diga y solo miras. ¿Quedó claro?

Quedó claro. Contestó él en voz baja.

Me giré hacia Valentina. La tomé de la nuca. El contacto de mi mano en su piel fue firme. La besé. Profundo. Con lengua. El sabor de su boca era limpio, con un toque de menta. Respondió de inmediato, abriendo los labios y dejando que controlara el ritmo.

Le quité la blusa. Los senos 36D cayeron pesados, firmes, areolas oscuras y pezones ya duros.

El calor de su piel contrastaba con el aire fresco del apartamento. Le baje el pantalón y la tanga de un solo movimiento.

La cuca estaba sin un vello, ya húmeda, los labios brillantes. El olor a excitación se mezcló con el perfume.

De rodillas.

Se arrodilló sobre el piso frío. Me abrí el pantalón y saqué la verga. Se la puse en la cara. Le di varios golpes firmes contra las mejillas. El sonido seco se escuchó claro en la sala. Valentina se sorprendió un segundo. Después giró el rostro para que le siguiera pegando. Le di más veces. En una mejilla. En la otra. Contra los labios. La piel se le puso rosada.

Después se la metí en la boca hasta el fondo. La usé sin piedad, sujetándole el cabello. Babeaba. Se le escapaban sonidos ahogados. La saliva le corría por el mentón. Roberto miraba desde la silla que le indiqué, en silencio absoluto, las manos sobre las rodillas.

Cuando ya estaba completamente duro y brillante de saliva, la levanté.

A la habitación.

La llevé del brazo. Roberto nos siguió y se quedó de pie junto a la puerta. Entré con ella. La tiré en la cama. Las sábanas olían a suavizante. Sin condón. Le abrí las piernas con fuerza. La cuca brillaba. Se la enterré de un solo empujón hasta el fondo.

Valentina gritó. Empecé a cogerla con fuerza. Cada embestida hacía que esos senos 36D rebotaran violentos. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación. Le sujeté las muñecas contra el colchón.

Dile a tu marido cómo se siente.

Se siente gruesa… me está abriendo… me gusta que mandes…

Más fuerte. Que te escuche.

Me gusta que me cojas. Me gusta que decidas todo.

La volteé en cuatro. Le agarré el pelo como rienda y se la empecé a meter sin piedad. Nalgadas firmes que le marcaron el culo.

El sonido de mis caderas contra su piel era rítmico y obsceno. Se vino apretándome, temblando, con un gemido largo. Seguí embistiéndola. Cuando llegué al límite me enterré hasta el fondo y me vine dentro de ella. La llené. La leche se le salía caliente por los muslos.

Valentina jadeó fuerte, todavía con la cara contra la cama, y dijo entre respiraciones:

Uff… qué cantidad de leche… si no estuviera planificando me preñas.

Limpia con la lengua. Le ordené a Roberto.

Se arrodilló detrás de ella y empezó a chupar y lamer. El sonido húmedo se escuchó claro. Después me la cogí otra vez.

Más duro. La volví a llenar. Roberto permaneció en silencio todo el tiempo, cumpliendo cada orden.

Cuando terminamos, Valentina estaba tendida, respirando agitada, con la cuca llena y los senos pesados subiendo y bajando.

El olor a sexo dominaba la habitación. Me vestí sin prisa. Antes de salir la tomé de la nuca y la besé una última vez. Profundo.

El sabor de su boca seguía siendo el mismo.

Desde esa noche de Halloween 2024 me escribe. A veces manda fotos. A veces mensajes pidiendo que vuelva. Roberto sabe. Y yo sigo decidiendo cuándo y cómo.

La odontóloga atleta del piso 11 de Valle del Lili y su esposo ingeniero de racamandapa apenas empezaban.

Si quieres ser cornudo y estás en Cali.

Ya sabes dónde buscarme.

Tu esposa es mía.

— Alejandro-12

2 de noviembre de 2026

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