
Como sabrás si has leído mis otros relatos, el sexo con mi esposo siempre había sido muy bueno y después de haber sido grabada por él teniendo relaciones sexuales con otro hombre, mi libido se había disparado por los cielos. Los constantes viajes de mi esposo y míos me habían hecho recurrir a calmar mi necesidad de sexo en la infidelidad.
Hace unos días, un lector me preguntó si alguna vez mi esposo me había descubierto o había estado a punto de ser pillada siendo infiel. A lo largo de los años, he desarrollado varias, llamémoslas, reglas para mí cuando tengo mis aventuras que hacían mi vida más fácil. La primera y más importante regla es nunca apegarme. Hace años, tuve una aventura de larga duración con un hombre mayor y divorciado, que había comenzado como algo casual, pero luego estuve a punto de perder a mi esposo por él. Nunca más dejaré que las cosas se pongan tan serias, como alternativa, si aquel hombre no es casado o con lo mismo que perder que yo, no me lo tiraría por segunda vez. La siguiente regla es que siempre lo haría si mi esposo o yo estuviera de viaje, aunque he infringido esta regla muchas veces. Mi tercera regla, por llamarla de algún modo, es nunca llevar a un hombre a la casa. Las razones de esto son muchas y bastante obvias. Normalmente no hay negociación al respecto.
Hace unos años tuve una aventura con un hombre llamado Christian. Realmente no había nada especial en nuestra relación, y precisamente por eso funcionaba tan bien. Era la típica relación extramatrimonial entre dos personas casadas que conocían perfectamente los límites. Ninguno buscaba convertir aquello en algo más. No hay más expectativas que solo sexo sucio y desagradable, un escape de la monotonía diaria de la vida matrimonial. Christian me ofrecía una facilidad que, con el tiempo, aprendí a valorar mucho: no hablaba de amor, no hacía promesas y nunca intentaba ponerle un nombre a lo que estábamos haciendo. Sabía exactamente hasta dónde podía llegar sin salirse de su lugar. No pretendía ser especial para mí ni esperaba que yo lo hiciera sentir especial. No necesitaba mensajes emocionales, llamadas para decirme que me extrañaba ni conversaciones sobre nuestras vidas. Ninguno de los dos necesitaba saber demasiado del otro.
Y quizá eso era precisamente lo que hacía que fuera posible.
Christian era el hombre casado promedio: Tenía tres hijos, por lo que no tenía intención de dejar a su familia. No hubo lucha de poder, ni problemas de relación, ni citas ni cortejos. Se trataba sólo del sexo. Las razones de él para ser infiel eran las típicas historias de hombres casados que había escuchado muchas veces. Básicamente, todo se reduce a la falta de sexo. Ya sabes, la esposa ha perdido todo interés, el sexo se limitó a una vez al mes, ella no le hace mamadas si no es su cumpleaños o alguna ocasión especial (esa es una de las más importantes), se ha vuelto rutinario y mecánico, sin chispa, o siempre sucede porque el la busca, nunca porque ella muestre interés, etc. La misma historia de todos los demás hombres casados que tienen relaciones sexuales extramatrimoniales. Por mi parte, no es que el sexo con mi esposo fuera malo, de hecho, es muy bueno, lo hacemos con la regularidad que una hija pequeña y el cansancio laboral permiten. No, lo mío no era el llamado “mal cogida”, lo mío es más la excitación de una nueva verga, de la necesidad de sentirme deseada por alguien diferente, de la adrenalina de las emociones fuertes.
Christian era un buen hombre, atractivo y amable. Nos llevamos bien, cubríamos las necesidades de cada uno y nos divertíamos. Christian y yo empezamos a reunirnos en un hotel. Pero los hoteles pueden resultar caros y suelen dejar rastros en las tarjetas de crédito y los moteles de rato pueden dejar la evidencia si alguien ve tu auto entrar. Entonces nuestras reuniones se volvieron menos frecuentes de lo que ambos queríamos. Tanto Chris como yo estábamos frustrados por nuestra falta de encuentros y nuestra falta de sexo caliente.
En un momento de debilidad o tal vez fue por pura excitación, acepté dejar que Chris viniera a casa cuando mi esposo estaba en la oficina. Hacía mucho tiempo no entraba a otro hombre a casa. “Una visita rápida de mediodía que pudiera satisfacer nuestras necesidades” pensaba. Tendría mucho cuidado, por supuesto. Hice arreglos para trabajar desde casa, lavaría las sábanas después que él se fuera. Tendría mucho cuidado de no dejar manchas ni evidencia, él estacionaría su auto a la vuelta de la esquina y caminaría hasta la casa. Vivimos en una calle tranquila, por lo que, hasta donde yo sé, no hay vecinos entrometidos.
Cuando él llegó a la casa, yo abrí la puerta vestida con lencería sexy de color negro, medias hasta los muslos y tacones de aguja tratando de darle algo interesante. Por el bulto en sus pantalones me di cuenta de que estaba emocionado. Después de un breve beso y manoseo en el vestíbulo, lo tomé de la mano y le llevé escaleras arriba al dormitorio. Caminé de espaldas sin dejar de besarlo mientras le quitaba la ropa, hasta que toqué la cama con mis piernas. Le besé el pecho y abdomen en mi camino a sentarme en el borde de la cama, lentamente le desabroché el cinturón y dejé que sus pantalones cayeran al suelo. Su bóxer estaba abultado y lo acerqué para mordisquear su verga atrapada a través de la tela. Chris, de pie entre mis piernas, se agachó y me quitó la lencería de los hombros, exponiendo mis senos. A cambio, bajé su ropa interior y finalmente solté su polla completamente erecta. Lo mire a los ojos y desplace su prepucio de arriba a abajo un par de veces. Alcanzó mis tetas y comenzó a acariciarlas suavemente, estimulando lentamente mis pezones. Al mismo tiempo, agarré su pene palpitante de la base con firmeza entre mi dedo índice y pulgar y comencé a lamerlo, muy sutilmente desde la base hasta su abultada cabeza, sintiendo su vena inferior muy llena. Vi un chorrito de líquido preseminal y lo lamí, disfrutando su sabor. Tenía una verga bonita... no demasiado grande, del tamaño justo para mí. Él siempre estaba bien afeitado, lo cual aprecié ya que yo también lo estaba. Mientras lo chupaba, él se movió para acostarse en la cama y continué dándole una agradable experiencia oral.

Fue entonces cuando escuché débilmente la puerta de un auto cerrarse de golpe. Me congelé momentáneamente y escuché. Supuse que estaba muy paranoica por tener un hombre en casa, así que lo atribuí a que uno de los vecinos entraba o salía de su auto y, después de unos segundos de silencio, seguí chupando aquel pedazo de carne. Entonces escuché el sonido inconfundible de una llave que abría la puerta principal.
T: ¡Mierda! – Salté muy rápido.
Iba a correr a una habitación en el frente de la casa para ver si el auto de mi esposo estaba en la entrada, pero ya era demasiado tarde. La puerta principal se abrió y lo oí entrar a la casa. Estaba frenética...
T: ¿Qué carajo está haciendo aquí? – Miré a Chris mientras saltaba de la cama. Estaba desnudo y tenía una expresión de terror en su rostro, como estoy segura de que yo también.
Le señalé y le susurré que entrara en el armario. ¿A dónde más podría ir? Era como una película de comedia de clasificación B, excepto que no era nada divertida. No tenía idea de cómo reaccionaría mi esposo si me encontrara con otro hombre en nuestra cama. Ciertamente no quería saberlo. Chris recogió su ropa, se metió corriendo en el armario y cerró la puerta. Ahora estaba en pánico. Estaba asustada y temblando. Estaba respirando pesadamente y mi corazón latía fuera de mi pecho.
T: Joder, joder, joder... ¿Qué debo hacer? – Pensaba – Llevo lencería y tacones de aguja a media tarde. ¿Cómo voy a explicar esto?
Pensé en correr al baño, pero no había manera de que saliera del dormitorio con Chris en el armario para que mi esposo lo encontrara. Además, no tuve tiempo de cambiarme.
T: ¡Ay carajo! – Escuché a mi esposo caminar por el piso principal y entrar a la cocina.
A: Tata, ¿estás en casa? – Lo escuché llamar, probablemente había escuchado los pasos.
En un último esfuerzo, agarré mi teléfono en un intento de enviarle un mensaje de texto y tal vez detenerlo en su búsqueda. Fue entonces cuando vi su mensaje: “Saldré a tramitar unos documentos, si me rinde paso por casa para un almuerzo rápido antes de regresar”.
A: Tati, ¿estás arriba? – Lo escuché llamar mientras comenzaba a subir las escaleras.
Oh, mierda, escuché sus pasos cuando llegó a lo alto del pasillo. Eché un vistazo rápido a la habitación y noté que el edredón de la cama estaba hecho un desastre. Él estaba literalmente afuera de la puerta del dormitorio ahora. Le di un rápido tirón a la colcha, me senté al final de la cama y respiré profundamente. Me vi en el espejo de la pared con esa mirada de simplemente “estas jodida” al notar mi cabello todo revuelto y desordenado. Mi corazón latía con fuerza y mi cerebro se había quedado en blanco cuando Andrés entró al dormitorio. Bajé la cabeza, temerosa de mirar la decepción en su rostro.
A: ¡Oh, vaya!, no me esperaba esto – dijo con una sonrisa de aprobación en su rostro – Qué sorpresa tan sexy.
¿Sorpresa? ¿Qué acaba de decir? Levanté la cabeza y le di una mirada perpleja. Pasaron unas milésimas de segundo, pero finalmente hice clic, sus palabras me dieron una luz de esperanza.
T: Leí tu mensaje y pensé en sorprenderte para el almuerzo cariño – Una gran sonrisa cruzó mi rostro y dejé escapar un suspiro de alivio.
A: No tengo mucho tiempo – dijo mientras comenzaba a desvestirse.
No ha notado mi cabello desordenado, la colcha de la cama desordenada o el olor de otro hombre sobre mí. No puedo creer que pensara que estaba esperando aquí para tener sexo con él. ¡Que golpe de suerte! Afortunadamente los hombres piensan con la cabeza de abajo. Todavía estaba nerviosa y asustada, pero lo estaba ocultando bien. Aunque había tenido suerte hasta ahora, todavía no estaba fuera de peligro. Necesitaba satisfacerlo rápidamente y sacarlo del dormitorio y, preferiblemente, de la casa. Se inclinó para besarme, mientras yo aún estaba sentada en el borde de la cama, pero en el último segundo me di cuenta de que probablemente tenía el sabor de la verga de Chris y su líquido preseminal en mis labios. Así que me dirigí directamente hacia su pene semi erecto. Lo agarré e inmediatamente me lo llevé a la boca mientras él estaba parado frente a mí. No pude evitar pensar que esto era exactamente lo que había hecho con Chris minutos antes.
Lo agarré de las nalgas y lo giré un poco para que quedara de espaldas al armario, continué chupándolo, quería que eyaculara rápidamente para poder irse, pero él tenía otros planes, quería sexo. Yo no quería tener relaciones cuando tenía a Chris escondido en el armario. Pero no pude ver ninguna manera de evitarlo. Sólo quería satisfacerlo y sacarlo de la casa lo más rápido posible sin que fuera demasiado obvio. Estaba muerta de miedo de que algo saliera mal. Mi matrimonio, todo pendía de un hilo. Un error y mi vida se derrumbaría. Me recostó boca arriba y abrí las piernas para él. Hizo un gesto de que quería darme un oral, pero lo detuve. Chris había estado estimulando mi vagina y ya estaba bastante mojada.
T: Solo métemela, estoy muy caliente – dije, se reposicionó sobre mí y me enterró su polla.
A: Oh, vaya, estás tan mojada, cariño – “Sí, si supieras por qué”, pensé.
T: ¡Oh, MIERDA! – se me escapo cuando eché un vistazo rápido por encima de su hombro en dirección al armario y vi a Chris asomado para mirarnos follar – Awww, eso se siente maravilloso – gemí tratando de que mi esposo sintiera que estaba elogiando sus esfuerzos.
Pero ¿Qué carajo está haciendo? hará que nos atrapen. Chris continuó mirando. Cuanto más miraba, más cambiaba mi comportamiento. Había empezado a follarme a mi esposo por autoconservación, en un momento de terror, pero ahora me estaba excitando y excitando mucho. La idea de ser observada por mi amante mientras tengo relaciones sexuales con mi esposo era muy erótica. El hecho de que estaba escondido en el armario con la cabeza asomando desde el otro lado de la habitación. Todo fue muy excitante. Fue una descarga de adrenalina tan grande por casi ser atrapada. Empecé a disfrutar inmensamente.
A: Súbete – me pidió. Siempre le encantó cómo lo montaba. Pero me negué. Conmigo encima, tendría una visión clara del armario. Necesitaba permanecer en la posición misionera.
T: No, sólo fóllame así. Lo quiero así... fuerte y rápido – Bajé su cabeza y comencé a girar mis caderas hacia arriba. Lo estaba follando tan fuerte y rápido como podía. Ahora estaba empapado.
Estaba gimiendo en voz alta para beneficio tanto de él como de Chris. Estoy bastante segura de que estábamos dando un buen espectáculo. Cada vez que miraba por encima del hombro de mi esposo, veía a Chris mirando. Fue tan erótico y caliente. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a llegar al clímax.
T: SÍ, Oh, que rico... más fuerte, más rápido, dámelo... oooohhh – estaba teniendo un orgasmo como hace mucho no tenía.
Andres dejó escapar un gruñido largo y fuerte mientras me llenaba de semen. Contraje mis labios vaginales alrededor de su verga, apreté tan fuerte como mis músculos me lo permitieron. Lo ordeñé bien. Sabía que tenía una gran carga pues Andrés siempre ha tenido abundante leche.
T: Lléname con tu semen – Hablé en voz lo suficientemente alta como para que Chris pudiera oír.

Sentí que su semen caliente eyaculaba profundamente dentro de mí y me llenaba. Sentí un chorro de su semen salir de mí mientras se retiraba. Mi esposo se levantó y yo inmediatamente salté detrás de él. Estoy de nuevo en alerta máxima. Estaba a punto de dirigirse al baño de la habitación, que estaba justo enfrente del armario.
T: Tú toma el baño de abajo, yo voy a entrar acá
Me lancé delante de él, mi mano ahuecó mi vagina para evitar que su leche se derramara sobre el piso de madera. Recogió su ropa del suelo y salió de la habitación. Fingí entrar al baño, pero en realidad esperé a que terminara para poder enviarlo a trabajar. No quería que volviera al dormitorio. Agarré una bata y le di un beso de despedida mientras bajaba las escaleras y regresaba al trabajo. Corrí hacia una ventana que daba al frente de la casa para asegurarme de que se había marchado. Me di la vuelta y estaba Chris, parado allí desnudo con su gran erección.
C: Mierda, eso estuvo cerca – comentó con un gran suspiro de alivio. – Eso estuvo muy caliente – continuó.
Por la sonrisa diabólica en su rostro y su erección, puedo decir que Chris obviamente disfrutó el espectáculo.
C: No puedo esperar para metértela ahora yo – dijo y de inmediato abrió y dejó caer mi bata.
Estaba tan excitada que me ardía el interior y quería más, pero pensé que mi momento con Chris se había dañado o que tendría que esperar a me bañara. Chris por su parte, inmediatamente se abalanzó sobre mí, lo que me tomó por sorpresa. Estaba llena del semen de mi esposo, incluso su esperma ya escurría por mis piernas y Chris empezó a tocarme a través del pegajoso fluido y a besarme como un perro salvaje. No tenía idea de que Chris estuviera metido en esto. No creo que nunca haya tenido un hombre jugando intencionalmente entre el semen de otro hombre, así que supuse que era de los que soñaban con ser humillado por su esposa mientras ella se coge a otro. Ahora que lo pienso, esta fantasía es más común de lo que algún día imaginé. Los acontecimientos de esa tarde activaron un interruptor en ambos y tuvimos el mejor sexo de nuestra relación, solo imaginar que la verga de Chris se deslizaba hacia adentro lubricada por la leche de mi esposo me hacía volar.
Una vez que Chris se fue a casa, me duché y le envié un mensaje de texto a mi esposo para que trajera comida para la cena. Le dije que todavía estaba muy caliente desde esa tarde. No podía esperar para volver a saltar sobre mi esposo.
Esa fue la última vez que invité a alguien a casa cuando mi esposo estaba en la ciudad. Una lección aprendida de la manera más aterradora y excitante.
- Tatiana Sabogal -
X: @TatiSabo64l
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