Estábamos buscando a alguien con buena verga, y no tardamos en encontrar a uno: un man de unos treinta y pico, alto, moreno, que se hacía llamar “Vergudo_Caliente”. En las fotos se le notaba grueso y largo. Hablamos un rato, le mandamos unas fotos de ella y en menos de una hora ya estaba quedando para vernos esa misma noche.
Le escribimos a Andrés y le dijimos que llevaríamos a alguien más. Él no dudó. Nos encontramos los cuatro en un motel de paso.
Apenas entramos, ella se quitó la ropa de una. Esas tetas enormes quedaron al aire y los dos se le fueron encima. Andrés le chupaba una teta y el otro, el de la página, le chupaba la otra, mientras le metían los dedos en la panocha. Ella gemía y se dejaba hacer, ya empapada.
El man nuevo se bajó el pantalón y sacó una verga gruesa, más larga que la de Andrés. Ella se arrodilló y se la metió en la boca, chupándola profunda mientras Andrés le metía los dedos por detrás. Después la subieron a la cama. El de la página se acostó y ella se le montó encima, embrocándosele la verga completa en la panocha de un solo movimiento. Empezó a cabalgarlo duro, las tetas rebotándole en la cara.
Andrés se paró detrás, le escupió el culo, le metió un dedo y después la verga. Se la embrocó despacio al principio y después hasta el fondo. Quedó llena de las dos: una reventándole la panocha y la otra enterrada en el culo. Empezaron a culiarla entre los dos, profundo, fuerte, al mismo ritmo. Ella gritaba, se agarraba las tetas y pedía más.
Yo me acerqué a su cara, le agarré el pelo y le metí la verga en la boca. Ella me la chupaba babosa, con la lengua afuera cada vez que podía, mientras los otros dos se la seguían culiando. El sonido era un desastre de gemidos, chap-chap de panocha y culo siendo golpeados, y los chupidos de ella en mi verga.
Así… llénenme toda… gemía entre chupada y chupada.
El de la página se vino primero adentro de la panocha, descargándole chorros. Andrés siguió un rato más en el culo y también se corrió adentro. Yo no saqué la verga de su boca. Le agarré la cabeza con las dos manos y le di hasta el fondo, hasta que me vine. Le llené la boca de leche caliente. Ella se la tragó casi toda, pero un poco se le escapó por la comisura de los labios y le resbaló por la barbilla.
Cuando terminamos, ella se quedó tendida en la cama, la panocha y el culo abiertos y chorreando semen de los dos, la boca brillante de saliva y de mi leche, las tetas marcadas y esa misma cara de puta completamente usada: ojos en blanco, lengua afuera, respirando agitada.
Los tres nos quedamos mirándola un rato. Andrés solo dijo:
Esta mujer no se cansa…
Y ella, todavía con la voz ronca, respondió:
Todavía no he terminado… quiero más.
Esa noche no salimos del motel hasta casi el amanecer.








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