Ya llevaba cerca de dos años con mi novia. Aún no vivíamos juntos pero pasábamos mucho tiempo en su apartamento. Como es normal, dormíamos juntos y cogíamos varias veces a la semana en su apartamento. Ella compartía con una de sus primas, que era bastante diferente a ella. Mi novia, blanca, rubia, delgada, de tetas rosadas y pequeñas, en contraste con una prima más morena, de cuerpo voluptuoso y cabello negro rizado. Eran de edades cercanas por lo que era como una amiga más. Nunca tuve ningún deseo particular por la prima, más allá del morbo que todos los hombres sentimos por una nena que está rica.
En esa época por mi trabajo era normal que ya trabajara desde casa o en cualquier sitio. Mientras ellas tenían horario presencial de oficina. Es por eso que un día de semana que desperté allá un poco tarde en la mañana, no le vi inconveniente a ir a tomar un poco de agua a la cocina estando desnudo (como normalmente duermo). Al llegar al comedor, me llevé la sorpresa que la prima aún estaba en casa. Yo quedé frío y ella se quedó mirando sorprendida también. No quitaba los ojos de mi verga medio despierta, medio dormida, como suele pasar en las mañanas. Cuando reaccioné me tape con las manos y pidiendo disculpas apenado me fui corriendo a la habitación de mi novia.
Pasaron algunos días y ninguno comentó nunca sobre el episodio. Otra mañana, ya con la lección aprendida, salí en la mañana con una sudadera para evitar situaciones. De nuevo en el comedor, volví a encontrar a la prima. Tenía una pijama de tela que ya era medio transparente. Por lo que pude notar que no llevaba nada debajo. Me ofreció desayuno y acepté. Me senté en la mesa y pude verla de pie con esa pijama vieja. Noté aún más su culo y sus curvas y me dio bastante morbo. No podía dejar de mirarla y me calenté y empecé a sudar un poco. Desayunamos sin ninguna novedad hablando cosas sin importancia. Esta escena se repitió un par de veces más, pero cada vez me daba más calentura y ella se ponía pijamas más sexys. Al punto que un par de veces me hice pajas pensando en ella.
Finalmente, en una de esas mañanas, la encontré en la mesa con una pijama de satín de una pieza. Se veía exquisita!! Me senté en la mesa, pero esta vez, se puso de pie y caminó hacia mí. Se levantó la pijama y dejó a mi vista su coño perfectamente depilado. Yo tragué saliva sin poder decir una sola palabra. Ella solo dijo “este es tu desayuno de hoy”. Yo reaccioné y le dije “de qué hablas? No jodas con eso”. En ese momento agarró mi verga dura en mi sudadera y dijo “es lo que llevas semanas deseando. He visto lo dura que se te pone bajo esa sudadera siempre que desayunas conmigo. O crees que no se notaba?”. Yo estaba atrapado, sin excusas, y no podía resistir a esa morena que llevaba días deseando, más el olor que ya empezaba a sentir de su vagina.
Le tomé de sus caderas y la senté en mis piernas a la vez que empecé a besarla. Jugaba con mis manos en sus tetas grandes y libres de sostén. Ella solo gemía y me besaba mientras suavemente restregaba su vagina en mi sudadera. Cuando sentí que mi pierna ya estaba mojada por sus líquidos, se me hizo agua la boca y la subí en la mesa para empezar a hacerle un oral. Siempre me ha encantado sentir el sabor de una mujer. Saqué sus tetas de la pijama para poder apretarlas mientras le daba lengua y la sentía retorcer su cuerpo. Unos minutos después se agitó más y a gemir más duro, hasta que sentí un pequeño chorro salir de su coño directo hacia mi cara y boca. En ese momento me sentí en el paraíso.
Ella me alejó y empezó a besarme la boca y lamer mi cara llena de sus jugos. Me volvió a sentar en la silla para sacar mi verga dura de mi sudadera y empezar a chupármela. Era una verdadera maestra. Si la comparaba con mi novia, su prima era mucho más experta. Lamía mis bolas, subía por todo el tronco, se divertía con la cabeza y luego se la metía casi toda a la boca. Estuvo un buen rato pegada disfrutando de mi verga mientras se masturbaba. Se sentía emocionada y de repente escuché gotas cayendo en el piso. Una vez más había soltado sus chorros. La puse de pie y lamí de nuevo su vagina, esperando poder tomar algo de los jugos que acababan de salir.
En ese momento le dije que iba por unos condones y traté de levantarme de la silla. Ella, con cara de enojo, me tomó del cuello y volvió a sentarme en la silla. Me dijo “si con mi prima no usas condones, a mí me tienes que dar el mismo trato. A menos que quieras que ella se entere de este jueguito tan rico que estamos teniendo”. Lo dudé un poco. Con mi novia llevábamos ya un par de años, y era normal que no nos cuidáramos. En medio demos dudas traté de pararme de nuevo, y de una ella me empujó a sentarme. Esta vez puso su cuerpo sobre el mío. Su vagina justo encima de mi verga. Y me dijo “el mismo trato para las dos y punto”. No pude resistirme más. La tomé de las caderas y la presioné contra mi verga, que entró suave, sin fricción. Ella estaba muy mojada. Empezamos a follar así, ella brincaba sobre mí como loca. Gemía fuerte y cada vez sentía como mi verga y mis piernas se llenaban de sus líquidos. Nunca había estado con una mujer que se viniera tanto. Luego la levanté y le di sobre la mesa. Empecé a intercalar entre penetrar y darle lengua y podía notar su gusto en eso. La puse en cuatro contra la mesa y seguí con mi misión taladrando. Estaba agotado ya pero no quería parar.
Finalmente volvimos a la posición inicial (ella sobre mí) y empezó a moverse más y más fuerte. Yo ya estaba a punto de estallar y traté de sacarla, que ella presionó más y más fuerte hasta que finalmente la llené con mi semen. Ella se puso de pie, yo estaba rendido en la silla. Tomó un poco de mi leche que chorreaba de su vagina y se la llevó a la boca. Solo me dijo “ahora eres mío también. Nos tienes que atender a las dos. Será nuestro secreto. Ve a bañarte mientras limpio este desorden”.
Estuve con esa novia, y mi moza, por un par de años más. Seguí follando a ambas, con el mismo trato. En fincas, carro, discotecas, y por supuesto en todas partes del apto. Ya no solo compartían el apartamento, sino también mi verga.






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