Después de aquella primera noche en la que un inocente juego de cartas terminó convirtiéndose en nuestra primera experiencia de intercambio, nada volvió a ser igual entre los cuatro.
Lo sorprendente no fue lo que ocurrió aquella noche, sino lo que pasó después. Andrea y yo hablamos durante horas. Compartimos nuestras dudas, lo que nos había gustado, lo que nos había sorprendido y hasta aquello que nos había provocado un poco de nervios. Descubrimos que la confianza entre nosotros seguía intacta; incluso era más fuerte. Entendimos que aquella experiencia no había cambiado nuestro matrimonio, sino que había abierto una nueva forma de vivir nuestra intimidad juntos.
Con Tania y Roberto ocurrió algo parecido. Las reuniones dejaron de ser únicamente cenas entre amigos. Había una complicidad distinta. Las miradas se sostenían un poco más de lo normal, las bromas tenían un doble sentido que todos entendíamos y, aunque nadie lo decía abiertamente, sabíamos que tarde o temprano volveríamos a cruzar esa línea.
Una noche, mientras compartíamos una botella de vino en la terraza de su casa, Roberto rompió el silencio.
—¿Y si la próxima vez hacemos algo diferente?
Nadie respondió de inmediato.
Tania sonrió de lado y giró la copa entre sus dedos.
—Creo que todos estamos pensando lo mismo.
Andrea me miró buscando mi reacción. No hizo falta decir una palabra; bastó una sonrisa para entendernos.
La propuesta era sencilla: llegaríamos juntos al mismo motel, pero al entrar intercambiaríamos parejas desde el primer momento. Sin juegos previos, sin sorteos ni excusas. Solo confianza absoluta y la curiosidad de vivir una experiencia completamente distinta.
Durante toda la semana previa apenas podíamos hablar de otra cosa. Había emoción, expectativa y también ese cosquilleo que aparece cuando uno está a punto de hacer algo que nunca ha vivido.
La noche llegó.
Los dos autos entraron casi al mismo tiempo al estacionamiento. El ambiente era tranquilo, pero para nosotros cada detalle parecía amplificarse: el sonido de las puertas al cerrarse, el eco de nuestros pasos y las sonrisas nerviosas que intentábamos disimular.
Las habitaciones quedaron separadas únicamente por un par de puertas.
Roberto apagó el motor y miró a Tania.
—¿Lista?
Ella respiró hondo antes de responder.
—Más de lo que imaginas.
Yo bajé del coche junto a Andrea. Tomé su mano por un instante.
—¿Todo bien?
Ella apretó mis dedos y me dedicó una mirada llena de complicidad.
—Perfectamente.
Entonces ocurrió el intercambio.
Tania caminó lentamente hacia mi habitación. Antes de entrar se volvió hacia Andrea con una sonrisa traviesa.
—Que disfruten la noche.
Andrea respondió con una pequeña risa y siguió su camino hacia la habitación de Roberto.
En ese instante comprendí que ya no había marcha atrás.
Más tarde, cuando regresamos a casa, Andrea me contó con detalle cómo había vivido aquella experiencia. Sin prisas, como quien revive un recuerdo importante, me habló de la conversación inicial, del ambiente relajado que ayudó a romper cualquier tensión y de cómo, poco a poco, ambos fueron dejando atrás los nervios para concentrarse únicamente en disfrutar el momento.
Mientras la escuchaba, entendí que lo más intenso de aquella noche no había sido lo que cada uno había vivido por separado, sino la confianza que nos permitió compartirlo todo al volver a estar juntos.
Mi esposa que me conto, cuando llego al cuarto de Roberto empezaron a charlar un rato Roberto llevaba vino y empezaron a brindar por las nuevas experiencias y la amistad que habia crecido entre los cuatro y que esto siguiera por mucho tiempo.
Ya relajados ambos despues de arios vinos encima, mi esposa lo empieza a besar poco a poco despues por todo el cuerpo y a desnudar, le rocea de vino en el cuerpo y ella a chuparselo hasta que llega a la verga y se la empieza a mamar a pasarle la lengua de arriba hacia abajo ella dice que es una verga grande y que no podia de sacarla de su boca aprovechaba en todo momento a pasarle la lengua dice lo disfruto mucho.
Mientras el la tomaba por la cabeza para que no parara, Roberto la levanta y le empieza acariciar todo el cuerpo hasta empezarla a desnudar y dejarla solo en tanguita, mi esposa tiene tetas grandes el aprovecha y las empieza a chupar hasta llegar a los pesones algo que pone muy cachonda a Andrea ella le agarra una mano y se la pone en su Vagina y el la empieza a masturbar acto seguido le abre las piernas le quita la tanguita y se la empieza a coger hasta no parar lo hicieron de varias posiciones platica con un brillo en sus ojos como algo que nunca penso en experimentar y al final antes de que el terminara, regresa ella a mamarsela para comerse todo su semen.
Fue tal la excitacion que senti al escuchar lo que me platico, que empezamos otravez a fantasear y preguntarnos que seria lo siguiente, cogimos hasta no parar.








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