La vez en que me vendió por toda una noche completa
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 4 min de lectura calendar_today Septiembre de 2026

La vez en que me vendió por toda una noche completa

Mmm… esa fue diferente.   No fueron tres horas. Fue toda una noche completa. De las 10 de la noche hasta las 8 de la mañana. Ocho horas en las que dejé de ser solo de mi Amo… y pasé a ser de otro.

SaraBoom

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Habían pasado un par de meses desde la noche de los dos. Yo ya estaba acostumbrada a que me prestara, a que cobrara por mi cuerpo, a que me devolviera después y me recuperara a su manera. Pero aquella vez me lo dijo con más calma, más serio:

—Esta noche no vuelves hasta mañana. Te vendí completa. Ocho horas. Vas a dormir ahí… si es que te dejan dormir.

Me preparó él mismo. Me bañó, me depiló, me puso el collar de cuero negro con la cadena larga y un candado pequeño. El vestido era aún más corto que de costumbre: negro, ajustado, sin nada debajo. Tacones altos. Me maquilló los labios de rojo oscuro y me miró al espejo.

—Vas a ser suya hasta el amanecer. Vas a culear cuando te lo ordene, vas a abrir la boca cuando te lo pida y vas a dormir con su semen dentro si así lo quiere. Cuando yo vaya a buscarte mañana, quiero encontrarte cansada, marcada y obediente. ¿Entendido?

—Sí, Amo…

Me llevó a un departamento en un edificio discreto. El comprador ya estaba esperando. Era un hombre de unos cuarenta, bien vestido, mirada fría y segura. Mi Amo le entregó la llave del candado del collar y el sobre con las instrucciones. Hablaron bajo. Después mi Amo me besó la frente, tiró un poco de la cadena y me susurró:

—Pórtate bien, puta. Mañana eres mía otra vez.

Y se fue.

La puerta se cerró. El hombre me miró de arriba abajo, dio una vuelta completa a mi alrededor y dijo solo:

—Quítate el vestido.

Lo hice. Me quedé desnuda, solo con el collar y los tacones. Él caminó alrededor de mí otra vez, me tocó el culo, me abrió las nalgas, me metió dos dedos de golpe y dijo:

—Buen culo. Tu dueño no miente.

Esa noche me usó sin prisa. Primero me hizo arrodillarme en la entrada y me culeó la boca hasta que se corrió en mi lengua. Después me llevó al sofá, me dobló y me abrió el culo despacio, muy despacio, haciendo que sintiera cada centímetro. Me hablaba mientras me embestía:

—Esto lo compré por toda la noche. Voy a usarlo las veces que quiera.

Se corrió dentro. Me dejó el semen escurriendo y me ordenó que no me limpiara. Más tarde me llevó a la cama. Me ató las muñecas a la cabecera con la misma cadena del collar. Me culeó el panocha primero, después otra vez el culo, y después me hizo montarlo mientras él me sujetaba las caderas. Me hizo correrme tres veces. Cada vez que yo gemía más fuerte, él tiraba de la cadena y me obligaba a mirarlo.

A medianoche me dejó descansar un rato… pero no mucho. Me despertó metiéndome los dedos en el culo todavía abierto y lleno. Me puso de rodillas otra vez y me usó la boca mientras me hablaba de lo bien que mi Amo me había entrenado. Después me culeó de lado, abrazándome por detrás, metido hasta el fondo, lento y profundo, casi dormido encima de mí. Me dejó el semen otra vez dentro y se quedó dormido con la cadena enrollada en su mano.

Me desperté al amanecer con él encima otra vez. Me penetró el culo sin avisar, todavía medio dormido, y me usó hasta que se corrió. Después me soltó las muñecas, me mandó a la ducha y me observó mientras me lavaba. Cuando salí, me puso otra vez el vestido y el collar.

A las ocho en punto sonó el timbre. Era mi Amo.

El hombre le devolvió la llave del candado. Hablaron un momento. Mi Amo me miró de arriba abajo, notó las marcas en mis muñecas, el culo todavía sensible, los labios hinchados. Sonrió apenas.

—Ven.

Me llevó al auto. En el camino no habló. Cuando llegamos a casa me hizo arrodillarme en la entrada, me levantó el vestido y me abrió el culo con los dedos.

—Todavía está abierto… y lleno de él.

Me culeó ahí mismo, de pie, contra la pared, despacio, recuperándome. Me llenó con su semen encima del del otro. Después me besó el collar y me dijo al oído:

—Ocho horas. Y seguiste siendo mía todo el tiempo. Bien hecha, puta.

Yo solo pude apoyar la frente en su pecho y susurrar:

—Gracias, Amo… por venderme. Y por volver a recogerme.

— SaraBoom

11 de septiembre de 2026

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