Después de unos meses, ya no bastaba con él. Llegaba del trabajo, me encontraba en cuatro sobre la cama, lista, y me culeaba hasta dejármela abierta y goteando… pero yo seguía queriendo más. Empecé a salir. A buscar. A dejar que otros me usaran.
La primera vez fue en un motel barato cerca de Chapinero. Un tipo que conocí por una app. Llegué con una falda corta y sin calzones. Ni siquiera hablamos mucho. Me empujó contra la pared, me bajó la falda y me culeó de pie, duro, sin piedad. Me mordió el cuello mientras me llenaba. Cuando terminó, me dejó ahí, temblando, con el semen escurriéndome por los muslos. Y en vez de sentirme sucia… me sentí viva.
Esa misma noche volví a casa. Mi padrastro me estaba esperando. Me olió. Me miró. Y sin decir nada me tiró a la cama y me culeó otra vez, más agresivo, como si quisiera borrar lo que otro había dejado adentro. Me vino dos veces. La segunda me hizo mirarlo a los ojos mientras me corría y me dijo: “Eres mi puta. Aunque te culee medio Bogotá”.
Y tenía razón.
Empecé a buscar más. Hombres que me culearan en autos, en baños de bares, en cuartos de hoteles baratos. Uno me tenía contra el lavamanos mientras yo miraba el espejo. Otro me puso de rodillas en el asiento trasero de su carro y me usó la boca hasta que se corrió. Siempre volvía a casa con las piernas temblando y la ropa interior empapada… y él me esperaba. A veces me olía, a veces solo me abría las piernas y me culeaba en silencio, como si reclamara lo suyo.
Había noches en las que necesitaba más de uno. Dos tipos en un apartamento prestado. Uno me culeaba por detrás mientras el otro me llenaba la boca. Me turnaban. Me cambiaban de posición. Me usaban como si fuera un juguete. Cuando terminaron, me dejaron llena por los dos lados y yo me quedé ahí, respirando agitada, sintiendo cómo se me escapaba todo entre las piernas.
Ahora viviaí. De buscar, de dejarte culear, de volver a casa y que él me reclame. A veces todavía llega él y me usa sin decir casi nada. Otras veces son desconocidos. Otras veces soy yo sola, tocándome, recordando cada embestida.
Pero lo que más me gusta… es saber que ustedes están Imaginándose que son ustedes los que me tienen en cuatro.
Así que díganme, mis adictos…
¿Quieren que les cuente la vez que me culearon en el baño de un bar?
¿O prefieren la noche en que me dejaron marcada de tanto agarrarme?
TeacherPutonaColombiana no se cansa.
Y ustedes… ustedes solo están aquí para leer cómo me siguen culeando.








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