La promesa de mi esposo no se hizo esperar.
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 4 min de lectura calendar_today Septiembre de 2026

La promesa de mi esposo no se hizo esperar.

Dos semanas después de aquella noche en el club, me despertó un sábado por la mañana con la verga dura presionándome contra el culo. Me agarró una teta enorme con la mano y me susurró al oído, todavía con la voz ronca de sueñ...

MorochaCosteña

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Hoy te voy a prestar completa. De verdad completa. Quiero ver cómo te la meten por todos lados… y cómo terminas pidiendo más.

Me revolví entre las sábanas, ya sintiendo cómo se me mojaba. Él me dio la vuelta, me abrió las piernas y me culeó despacio, profundo, mirándome a los ojos mientras me decía:

Estas tetas, esta concha, este culo… hoy van a ser de otros. Pero al final de la noche van a estar llenos de mí otra vez.

Salimos esa misma noche. Me puso un vestido negro cortísimo, sin ropa interior, que apenas cubría el borde de mis nalgas. Las tetas se me salían por los lados con cada movimiento. Él iba de negro también, con esa expresión de dueño que me ponía empapada solo de mirarlo.

El club estaba más lleno que la vez anterior. Apenas llegamos, una pareja que ya nos conocía se nos acercó: él un negro alto, verga gruesa que ya había visto de reojo la vez pasada, y ella una latina de curvas marcadas que no disimulaba lo mucho que le gustaban mis pechos.

Mi esposo ni siquiera esperó a que hablaran mucho. Me giró de frente a ellos, me bajó un poco el vestido y sacó mis dos tetas completas. Las sostuvo con las manos como si las estuviera ofreciendo.

Chúpaselas le dijo a la mujer. Y tú miró al hombre… esta noche te la prestó entera. Puedes metérsela donde quieras. Solo no te corras adentro. Eso es mío.

La mujer no dudó. Se abalanzó sobre mis pechos, los chupó, los mordió, los apretó juntos y metió la lengua entre ellos mientras gemía. El hombre se puso detrás de mí, me levantó el vestido y me metió dos dedos de golpe. Estaba tan mojada que sonó.

Mierda… está goteando dijo él.

Mi esposo se sentó en un sillón frente a nosotros, se sacó la verga y se empezó a tocar despacio.

De rodillas me ordenó.

Me arrodillé. El hombre me puso la verga gruesa enfrente de la cara. Yo la agarré con las dos manos y me la metí en la boca hasta la garganta, mientras la mujer seguía chupándome las tetas desde el costado. Mi esposo me miraba sin pestañear.

Más profundo me dijo. Quiero ver cómo se te hincha el cuello.

Obedecí. Babeaba, los ojos se me llenaban de lágrimas, y él solo sonreía.

Después me pusieron de cuatro en el sofá. El hombre se colocó detrás y me la metió de un solo empujón. Era más gruesa que la de mi esposo y me llenó completo. Empezó a culearme duro, agarrándome de las caderas, mientras la mujer se metía debajo de mí y me chupaba el clítoris al mismo tiempo. Yo gemía mirando a mi marido, que se había acercado y me metía los dedos en la boca para que los chupara.

Dile que te la meta más fuerte me ordenó.

Métela más fuerte… por favor… jadeé.

El hombre aceleró. Me estaba reventando. Mis tetas colgaban y se movían violentamente con cada embestida. De pronto sentí cómo me abría el culo con los dedos.

¿Se la meto por atrás también? —preguntó.

Mi esposo asintió.

Sentí la cabeza de la verga presionando mi ano. Estaba tan mojada de mi propio jugo que entró relativamente fácil, aunque me dolió rico. Me la metió completa por el culo mientras la mujer me chupaba la concha. Me estaban usando los dos agujeros al mismo tiempo. Yo solo podía gemir y mirar a mi esposo, que se tocaba más rápido.

Córrete así me dijo. Quiero verte venirte con la verga en el culo.

Me corrí temblando, apretando, goteando sobre la cara de la mujer. El hombre no se detuvo. Me siguió culeando el culo hasta que estuvo al borde. Entonces mi esposo lo detuvo:

Sácala. Ahora es mi turno.

El hombre se corrió sobre mis nalgas y la espalda. Mi esposo me volteó de inmediato, me abrió las piernas y me la metió en la concha de un solo golpe. Me culeó con rabia, profundo, posesivo, mientras me agarraba las tetas y me las apretaba fuerte.

Dime de quién es esta concha exigió.

—Tuya… solo tuya —jadeaba yo.

—¿Y este culo?

—Tuyo…

—¿Y estas tetas?

—Tuyas… aunque me las chupen todos… son tuyas.

Se corrió tan adentro que sentí cómo me llenaba y se me escapaba por los lados. No se salió. Se quedó dentro, mirándome a los ojos, mientras la otra pareja nos observaba.

Cuando por fin se retiró, me limpió con su propia camisa, me besó la frente y me susurró:

La próxima vez te voy a dejar que te la metan los dos al mismo tiempo… uno en cada agujero… y yo te voy a ver desde lejos. ¿Te gustaría eso, putita?

Yo, todavía temblando, con la concha y el culo abiertos y llenos, solo pude asentir.

Porque sí.  

Él me había metido en este mundo.  

Y cada vez que me prestaba, yo me abría más… pero siempre, al final, volvía a cerrarme solo para él.

— MorochaCosteña

22 de septiembre de 2026

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