El Segundo encuentro en un piso 20
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 4 min de lectura calendar_today Octubre de 2026

El Segundo encuentro en un piso 20

Hola, lechero dijo, con la voz ronca de quien acaba de despertarse. ¿Vienes cargado para mí?

Alejandro-12

Soy hombre heterosexual·11seguidores

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

La segunda visita al piso 20

Pasaron tres semanas. No hubo mensajes, ni llamadas, ni señales. Yo seguí con mi vida, con mis cosas, con otras historias que no vienen al caso. Pero una mañana de lunes festivo, mientras desayunaba sin apuro, me llegó un mensaje de Valeria. Corto, como siempre: "Hoy. Once de la mañana. Él no está" y necesito que me domines.

Llegué al edificio de Pance a las once en punto. Subí en el ascensor, marqué el piso veinte, y esperé con las manos en los bolsillos. La puerta se abrió antes de que tocara el timbre. Valeria estaba ahí, apoyada en el marco, con una sonrisa lenta y un corset negro que le ajustaba la cintura y le levantaba los senos. Era de encaje, con varillas, y dejaba al descubierto sus caderas y sus piernas largas, esas que la primera vez me habían rodeado el cuello.

Hola, lechero, dijo, con la voz ronca de quien acaba de despertarse. ¿Vienes cargado para mi?

No respondí. La tomé de la cintura, la empujé contra la pared del recibidor, y la besé sin preámbulos. Su boca sabía a café y a menta. Mis manos bajaron por su espalda, sintiendo las varillas del corset, y luego a sus nalgas, que apreté sin delicadeza. Valeria gimió en mi boca y me desabrochó la camisa con dedos rápidos.

La llevé al dormitorio. La cama estaba tendida, las cortinas abiertas, y el ventanal mostraba los cerros de Pance bajo un cielo limpio de lunes festivo. La recosté y me estaba sentado frente a ella. Le quité el corset despacio, desabrochando cada broche, y sus senos aparecieron, pesados, con los pezones ya duros.

Los lamí, los mordí, sentí cómo se estremecía. Bajé por su vientre, por sus caderas, por sus muslos.

Le quité las bragas con los dientes y las dejé caer al suelo.

Su sexo estaba depilado al ras y ya brillaba de humedad. Lo lamí sin prisa, con la lengua plana, subiendo y bajando, trazando círculos en su clítoris y en ocasiones pasaba mi lengua como si fuera una puntilla. Valeria arqueó la espalda y soltó un gemido largo que llenó toda la habitación. Sus dedos se enredaron en mi cabello y me empujaron más adentro. La lamí hasta que empezó a temblar, hasta que sus muslos se cerraron alrededor de mi cabeza, hasta que se corrió con un grito ahogado que rebotó en los espejos del techo.

Me incorporé, me quité la ropa que quedaba, y me puse un condón. La penetré de pie, contra el ventanal, con sus piernas largas enroscadas en mi cintura. La embestí sin pausa, sintiendo sus paredes apretarme, sus uñas clavarse en mis hombros. Luego la bajé, la puse en cuatro sobre la cama, y la tomé desde atrás, agarrándola de las caderas, tirándole del cabello rubio. Cambiamos de pose tres veces: de lado, boca arriba con sus piernas sobre mis hombros, y de nuevo de pie, esta vez contra la pared del baño, con el espejo empañándose.

Valeria se corrió dos veces más. La segunda fue la más fuerte: un orgasmo que la dejó temblando, con los ojos llenos de lágrimas, con la respiración entrecortada. Cuando sentí que estaba a punto, me quité el condón y me corrí sobre sus senos, sobre esa piel bronceada que ya conocía. La leche cayó espesa, blanca, y ella se la untó con los dedos, se la pasó por los pezones, y luego se llevó los dedos a la boca.

Esta vez sí me llenaste, dijo, riéndose. La próxima será mejor tendremos resultados de exámenes que se tomarán el viernes en la tarde para que vengas el fin de semana completo, quiero que me llenes de tu leche espesa, ¡mi vagina lo desea y yo también!

Se limpió con una toalla y se puso una bata de seda.

Me ofreció agua, café, lo que quisiera. Me senté en el sofá de la sala mientras ella se arreglaba el cabello frente al espejo del recibidor. No hablamos mucho. No hacía falta. Al despedirse, me dio un beso en la mejilla y me

dijo:Nos vemos pronto. Esto apenas empieza.

Bajé en el ascensor con la sensación de que esa historia no había terminado.

Y no me equivocaba era el comienzo de faenas sexuales inolvidables donde el morbo,la imaginación, y el deseo se unian.

Tu esposa es la siguiente cornudo espero tu mensaje solo parejas cuckcold de cali.

— Alejandro-12

11 de octubre de 2026

visibility 9 lecturas chat_bubble0
Alejandro-12

Escrito por

11 seguidores ·Soy hombre heterosexual

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos hetero: infidelidad

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

La mamá de mi amigo

Sexo con maduras

La mamá de mi amigo

andresdvbandresdvb·hace 6 horas
schedule 1 min
visibility 55favorite 1chat_bubble 0