El teléfono vibró a mitad de la mañana interrumpiendo la rutina habitual. Era Víctor. Quería saber cómo me había ido en mi viaje y con ganas de retomar la conversación que llevábamos semanas atrás. Fluyó de inmediato con la soltura y la confianza de dos personas que se conocen hace más de 10 años, y disfrutan bastante de una charla caliente. De vez en cuando me escribe cuando sus días son lentos, o simplemente para que tengamos conversaciones obscenas.
Nuestra charla avanzaba como era lo habitual, con la confianza de dos viejos amigos y un coqueteo constante que subía de tono a cada minuto, la distancia comenzó a sentirse cada vez más corta. No tardé en admitir la expectación que me causaba la idea de pasar a verlo, mientras él describía con detalle lo que quería hacerme, siempre es una buena forma de romper la rutina y nutrir nuestra amistad.
5/10, 9:54 a. m. Víctor: Hola amor
5/10, 10:00 a. m. Sandy: Hola, cómo vas?
5/10, 10:01 a. m. Víctor: Excelente amor
cómo te acabó de ir? Cómo acabaste de llegar? Te culearon mucho? Te hicieron venir mucho amor que llegaste sin ganas?
5/10, 10:06 a. m. Sandy: Nada amor. Bueno… sí me hicieron venir rico a punta de lengua. Pero no me culearon.
5/10, 10:13 a. m. Víctor: Cuándo te hago venir? Pásate por mi oficina, te vienes en vestido quiero romperte las medias. Cogerte ese culo duro amor.
5/10, 10:14 a. m. Sandy: Mmm, yo quiero, me gusta que me hagas venir.
5/10, 11:20 a. m. Víctor: Tengo tantas ganas de hacerte venir. Quiero meterte mis dedos. Agarrarte duro las nalgas. Darte nalgadas dejártelas rojas. Que marque mi mano. Que sientas un poco de dolor.
5/10, 11:21 a. m. Sandy: Que rico amor, sabes que cuando estoy caliente me fascina complacerte.
5/10, 11:22 a. m. Víctor: Me arrechas mucho. Eso me gusta.
5/10, 11:22 a. m. Sandy: Ya me dieron ganitas de solo pensarlo.
5/10, 11:22 a. m. Víctor: A mi igual. Estoy que me vengo ya.
5/10, 11:23 a. m. Sandy: Lástima no poder ir a recibir tu leche en mi boca.
5/10, 11:34 a. m. Víctor: Querico amor. Quiero ese culo. Mientras me lo chupas. Que te lo metas todo hasta la garganta y que sientas que te ahoga.
5/10, 11:38 a. m. Sandy: Así lo voy a hacer 🤤
5/10, 11:40 a. m. Víctor: Que rico amor. Me tienes muy arrecho. Que delicia por eso me encantas.
Con la expectativa al máximo, la conversación continuó la siguiente mañana mientras iba de camino en el Uber, cuidando cada detalle. Llevaba mi vestido descaradamente escotado y medias veladas con la ropa interior en mi bolso.
Llegué luego de 15 minutos, hice el ingreso indicando que tenía una cita con el Sr. Víctor. Me gusta lo honorables que suenan mis intenciones, pero la recepcionista parecía tener una mirada cómplice cuando me entregó mi carné de visitante.
Al final del pasillo vi su puerta entreabierta. Abro despacio y Víctor está en el teléfono; sonríe y me hace señas para que ingrese. Cierro la puerta detrás de mí y dejo mi bolso y abrigo en la silla de visitas, mis tacones a un lado también. Sin quitarme mi vestido, retiro mi sostén mientras Víctor me mira fijamente, camino hacia él y me apoyo en su escritorio colocando mis piernas a cada lado de él, moviendo su silla hacia mí.
Víctor sonríe mientras sigue hablando de cálculos, horas hombre y otras cosas ingenieriles con la seriedad de un hombre que debería estar mirando fijamente la pantalla de su laptop, pero en vez de eso, mira mis senos mientras los saco fuera del escote. Comienzo a sobar su verga encima del pantalón, sintiendo su erección crecer mientras mantiene su tono de voz inmutable durante la llamada. Sabe que me encanta jugar; sosteniendo mi mirada conoce mi próximo movimiento. Empiezo a escuchar cómo va terminando esa llamada mientras lo acaricio hasta llegar a su pantalón y bajar el cierre...
—Me tienes loco, ahora sí te voy a chupar esas tetas y te voy a hacer venir en mi escritorio como te gusta, amor.
Yo seguía insistiendo en tomar su verga en mis manos, pero de repente sentí cómo su lengua pasaba de mis tetas a mis piernas, me besaba por el interior y, al llegar a mi entrepierna, rasgó las medias con una sonrisa y un leve gruñido. Comenzó a lamer, succionar y masturbarme con sus dedos; rápidamente me comencé a mojar tratando de no hacer ningún sonido, para que no hubiera pruebas de la clase de reunión que sosteníamos.
Víctor me acomodaba a su gusto, es un hombre grande y manejarme siempre se le ha dado bien. De repente tenía todo mi culo expuesto frente a él, y sentí la primera nalgada mientras mordía mis labios para no hacer ningún sonido. Continuó unas tres veces más mientras me decía palabras sucias al oído, hasta que acomodó su verga y comenzó a penetrarme.
—¿Te gusta amor? ¿Así querías que te comieran?
Sentí otra nalgada y no pude ahogar el gemido que causó. Me giró rápidamente; sé que se quería venir en mi boca, pero al final, recibí toda su leche en mis senos y limpié su verga con mi lengua.
Mientras me componía de nuevo, cambiando mis medias y colocando mi ropa interior en su lugar, Víctor hablaba de su trabajo y otras cosas con la misma fría naturalidad, como si su oficina no acabara de ser el escenario de nuestro encuentro. Me abrió la puerta con una sonrisa cómplice y me acompañó a la calle con la adrenalina aún a flor de piel.
A veces pienso que la mejor parte de la rutina no es romperla, sino saber que dejamos rastro en los lugares menos pensados.







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