Todo comenzó meses antes cuando al pasar por un cine para adultos, me animé por fin a entrar.
Fue bastante excitante y novedoso para mí. El lugar lleno de hombres de todas las edades y tamaños. Olía distinto a otros cines en los que había estado. Me
daba un poco de pena pero en la oscuridad todos los gatos son pardos.
Yo soy un poco gordito y nalgón y creo que llamo la atención por eso. Además de que soy muy reservado y callado. Algo femenino.
Tan solo entrar y a tientas buscar un lugar para sentarme, sentí la mirada de un hombre muy alto y gordo que no dejaba de mirarme. Poco a poco se fue cambiando de butaca hasta quedar a dos lugares de mi. La mirada lasciva y penetrate de ese hombre me hizo estremecer. Y cuando sacó su enorme pene, salí casi corriendo de ahí a buscar otro lugar.
Pero al lado del cine al que no debí ir, a la parte trasera.
Me senté a dos lugares de otro hombre mayorcito pero se veía más normal y amable. Al principio me hizo la plática en voz baja y logró que yo le tomara confianza. Y me hizo sonreír algunas veces. Me sentí como la chica a la que un hombre experimentado trataba de seducir.
La película transcurría muy pornografica y me empecé a excitar.
Aquel hombre pareciera que olía mi miedo y al mismo tiempo mi excitación.
De una, se sacó su miembro erecto. Era uno grueso, moreno y con la piel cubriendo el glande. Casi pego un brinco de la sorpresa.
”Me lo chupas? Mira que rico está. Y es todo para ti…” dijo lascivamente y ahora con los ojos clavados en los míos.
-“Nnooo, nos pueden ver…” contesté femeninamente.
”Anda, te va a gustar.”
-“Que no!” Pero ya con la voz entrecortada por la emoción de tener a un pene erecto tan cerca por primera vez. Sentía la boca seca y el corazón me latía a mil. Me sentía miedoso pero muy caliente.
Se la empezó a pelar y apareció una cabeza brillante, hermosa y palpitante. Casi me desmayo.
Comencé por acariciarle los huevos y luego a masturbarlo lentamente. El hombre se arqueaba hacia atrás presa de la calentura.
Por fin me agaché hacia su entrepierna y comencé a lamerlo tímidamente. El hombrón casi se viene. Estaba que ardía.
Yo me sentía una perversa miedosa chica atormentada por algo que no quería hacer. Aunque en el fondo lo añoraba.
”Más profundo!!! Chúpalo más profundo. Mételo en tu boca todo nena!!!”
-Nena? Me dije. Yo no soy nena…. Bueno, no esas.
”Me da miedo…” le dije.
Me contestó con una voz ronca y varonil: “Chúpalo rico y te chupo tus nalgas…”
Eso terminó por volverme loco. Ya no era el chico tímido, ya no me importaba que los demás hombres nos vieran. Me
puse a succionar como una loca perdida.
Ignoro cuanto tiempo pasó pero de repente, el macho se arqueó más, comenzó a temblar y yo a sentir algo caliente y viscoso que me llenaba la boca y la garganta. Era un sabor muy raro y desconocido.
No sabía qué hacer con tanto líquido en mi boca. Intenté escupirlo pero me ordenó: “trágatelos todos putita”. Y yo asustada le obedecí.
Se levantó, se acomodó el pantalón y se dirigió hacia la salida.
Y yo me quedé ahí. Confundido.
Los otros hombres me miraban. Algunos me llamaban a lo lejos.
Y corrí despavorida yo también a la salida.
La princesa había probado semen de macho por primera vez.








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