Hay en ti un fuego antiguo,
una tempestad de piel y deseo
que no se conforma con caricias tímidas.
Eres la mujer que convierte la noche en un altar,
la que invita a perderse entre sus curvas
como quien se ahoga a propósito en un mar caliente.
Yo no vengo a rogarte ni a prometerte estrellas…
vengo a ser el viento que avive esa llama que llevas dentro,
el que sepa leer en tu mirada la hambre
y en tu cuerpo el mapa de todos los pecados
que aún no te has atrevido a disfrutar del todo





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