No soy un muchacho. Tengo 57. Y no vengo a prometer cuentos.
Viví más de 8 años solo. Solo de verdad. Sin compartir almuerzo, sin una mano en la espalda, sin nadie al lado en la cama. Aprendí a estar conmigo, pero también me cansé. Me cansé de la soledad que se vuelve costumbre.
La vida me ha golpeado. Duro. Y aquí sigo. De pie. Con disciplina, con respeto por mí y por mi energía.
En el camino, Dios me puso a una persona que me dio la mano cuando yo no tenía nada. Conviví 6 años y medio. Me dio estabilidad, amor, cariño. Me salvó. Y siempre le voy a agradecer, con el alma. Esa historia se cerró, pero el agradecimiento se queda.
Hoy estoy en otro punto. A veces me siento abatido. A veces siento que nadie me desea, que nadie me quiere. Que pasé de moda. Y es ahí, en ese desespero silencioso, donde uno se da cuenta que todavía tiene mucho para dar.
No busco una niña. Busco una mujer adulta, de 18 en adelante hasta los 60 que tenga ganas de vivir sin prejuicios. Que quiera disfrutar lo simple: una mañana con café, una tarde caminando por Envigado, Medellin , Sabaneta el oriente antioqueño ,una noche chimenea una copa con cena y la final de la noche ya en la madrugada unas sábanas limpias, de conversación larga.
No soy el que llega a arrebatar. Soy el que llega a quedarse. Con la yema de los dedos recorro con permiso, despacio, con respeto. Porque para mí el placer no es correr, es quedarse sintiendo.
Si tú también estás cansada de juegos, de gente que no se compromete, y quieres un hombre presente, bohemio, leal, aventurero y tierno cuando hay confianza, aquí estoy.
No para salvarte. Para acompañarnos.







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