Granada es un barrio bohemio, de casas coloniales y calles empedradas. Allí vive Beatriz, una mujer que a sus cuarenta y ocho años es pura sensualidad. Me contactó su esposo, Julián, un arquitecto de cincuenta y cinco años: "Mi esposa es una mujer que necesita ser deseada. Yo la deseo, pero ella necesita más. Necesita sentirse joven. ¿Vos podés?".
Beatriz me recibió en la puerta de su casa con un vestido de lino blanco que dejaba ver sus hombros desnudos y un escote que insinuaba senos generosos. Cuarenta y ocho años, cabello negro con canas plateadas que no se teñía, ojos marrones profundos, piel canela. Su cuerpo era de madre y de amante: senos grandes y caídos, con pezones oscuros y grandes; cintura que había perdido la batalla pero que aún era femenina; caderas anchas y redondas; muslos gruesos con celulitis que le daban un aire salvaje; piernas cortas pero torneadas. Olía a jazmín y a vino tinto.
—Julián —dijo sin mirarlo—. Andá al patio. Y no vuelvas hasta que te llame.
Julián obedeció. Beatriz me tomó de la mano y me llevó al dormitorio, una habitación con paredes de adobe y vigas de madera. Sin preámbulos, se quitó el vestido. Debajo llevaba un conjunto de encaje rojo que contrastaba con su piel canela. Le quité el sostén y sus pechos aparecieron, pesados, hermosos. Los lamí, los chupé, sentí sus pezones endurecerse.
La recosté en la cama y le quité la lencería. Su sexo era maduro, depilado, con los labios vaginales gruesos y un clítoris que asomaba. Lo lamí sin prisa, saboreando cada gota. Beatriz gemía con un vozarrón ronco, sus dedos enredados en mi cabello, sus caderas levantándose.
—Julián —gritó ella—. ¡Ya podés salir!
Julián salió del patio y se quedó en el marco de la puerta, mirando cómo su esposa se retorcía de placer bajo mi lengua. La penetré con ritmo, sintiendo sus paredes apretarme, sus gemidos llenando la casa. Beatriz se corrió con un grito que retumbó en todo Granada. Después, Julián se acercó y le dio un beso en la frente. "Gracias", me dijo. "No sabés lo que acabás de devolverme".
¿Quieres vivirlo? Escríbeme. Sin drogas, sin dinero. Solo placer.








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