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Relatos y Experiencias

Mi hermana iba creciendoy desarrollando su sexualidad a buen ritmo. Y yo claro, disfrutaba nuestros días cuando estábamos solos en casa .Estaba un día cualquiera, solo en mi habitación, estudiando para un examen, totalmente abstraído. Sin llamar a la puerta, cosa que me molesta sobremanera, entró mi hermana en bragas y sujetador.

El conjunto que vestía no tenía nada de particular, blanco, liso, sin encajes, más parecido a un bikini que a ropa interior. Sin embargo, mi hermana lucía espléndidamente. ... Últimamente todo eran insinuaciones, comentarios de índole sexual que me ponían frenético.

Se quitó el brasier  quedando solo en bragas, con las tetas al aire y una toalla en la mano.

-¿Te molesta si te acompaño un rato? Ando como con aburrimiento... ¿me  das una masajeada en las tetas? - Dijo meneando el culo delante de mí.

Mi verga reacciono de inmediato haciéndole ver a mi hermana que sus tetas me parecían maravillosas y me apetecería comérmelas enteras...

Termino recostada a mi lado en mi cama, bajándose las bragas, mostrándome su rajitadepilada y bien recortada. Adoptó una pose sumamente sensual

-¿No tienes nada que decir de tu hermana? - Se sobaba las tetas, tirando de los pezones con los dedos y pasando luego por los labios de su vagina rosada... Era la imagen más erótica que había visto en mi vida. Tenía la verga a punto de reventar el pantalón...

Oye, me vas a poner a millll - Dije con voz jadeante por la excitación y el desconcierto...

Esa es la ideadijo ella, solo relájate un poquito. ¡Siempre estás tan metido en los libros...! , puso una cara muy mimosa y se me sentó encima, desnuda como estaba, pasando sus piernas alrededor de mí y apoyando su depilado coño sobre mi pene erecto y a punto de reventar. Ella inició un movimiento de vaivén sobre mi paquete consiguiendo llevarme a un grado de excitación inimaginable. Mis manos se posaron, en sus senos...

¡Qué tetas...! ¡Qué suaves! ¡Con el pezón totalmente tieso! Me abrazó por el cuello y pasaba los dedos por mi nuca, rascando y acariciando el pelo, sin dejar de moverse sobre mi cosa, apretándose más a mí, sujetando con su cuerpo mis manos sobre las tetas.

Me miraba fijamente, la cara roja, la boca entreabierta, jadeaba... Me besó. Acercó sus labios a los míos y, ladeando la cara, me dio un beso apasionado, intentando introducir su lengua en mi boca...

Me bajé el pantalón y el boxer, dejando en libertad mi miembro que se mostraba erguido en todo su esplendor.

Mi hermana lo sujetó con una mano y, mirándome a la cara, se fue dejando caer sobre él, introduciéndoselo en su mojada vagina poco a poco. ¡Qué estrecha estaba! Aún en mi estado alucinado pensé que mi polla entraría mejor en su coño.

Se quedó quieta un momento, con una respiración profunda y jadeante que hacía subir y bajar sus tetas de forma enloquecedora. Apoyó sus manos en mi pecho y se dejó caer de golpe, ensartándose hasta el cuello de la matriz. Cerró los ojos muy fuerte y soltó un gemido ahogado mientas una lágrima rodaba por su mejilla.

Volvió a parar, Poco a poco empezó a cabalgar, con suavidad, sin apenas dejar que mi polla saliera de su vagina. Realizaba movimientos de adelante a atrás o giraba sus caderas, siempre con mi miembro clavado hasta las entrañas. Jadeaba cada vez más, cogiendo mis manos las llevó a sus tetas y empezó a masajearlas. Yo poco a poco, con los dedos, iba pellizcando los pezones, excitándolos al máximo.

Mi hermana tenía un sexo tan estrecho... Era maravilloso sentirse dentro de ella. Iba levantando mis caderas para conseguir una mayor penetración, golpeando con la punta del pene el cuello del útero, haciendo que sus músculos vaginales se dilataran al máximo.

Los movimientos iban en aumento, al igual que los gemidos y jadeos de ambos, se apoyó sobre mi pecho, restregaba su clítoris contra mí, metía la cabeza en mi cuello mordiéndolo y chupando, me mordía las orejas....

Abrazándome muy fuerte se corrió, clavándome las uñas en la espalda y dándome un mordisco en el hombro. Se convulsionó entera y soltó un gran gemido Aaaahhhhhhh. Fue fabuloso, pero yo aún no había tenido mi orgasmo.

Tras descansar un momento, solo realizando movimientos muy suaves, intentando recuperar la respiración y dándome besitos tiernos en los labios, empezó a acelerar, sin cambiar de posición.

El mete saca se hizo furioso, cada vez que mi polla entraba ella daba unos grititos que me estaban volviendo loco de excitación. Aceleró más y más, me llevaba al límite, arqueó la espalda hacia atrás y hundiéndose mi verga toda lo que pudo volvió a correrse, esta vez de forma escandalosa, dando unos gemidos tremendos mientras respiraba fuerte por la boca. Aahhhh, Aahhhh, Aaaahhhhhhh

Yo no podía más, sentí como se me arrugaban las pelotas y solté toda mi carga en su interior, inundando de espesa leche todo su conducto vaginal.

Nuestros movimientos fueron a menos. Me miraba sonriente, con cara de satisfacción y de cariño, Con suavidad la aparté hacia un lado y me incorporé, me subí los calzoncillos y pantalones y le acerqué a ella su ropa interior que había quedado en mitad de la habitación.

Se levantó y me dio un besito en los labios. Lo fue haciendo más profundo, jugando con la lengua en mis dientes, mordisqueándome los labios...

-Te quiero hermanito. Me encanta que me cojas así... Te quiero - Me dijo con palabras muy tiernas y sentidas.

Unos días después, estábamos otra vez solos en casa. Noté que alguien se había metido en la cama conmigo. Debía de haberme dormido completamente, sino no me lo explico... Era ella, desnuda, guapísima, insinuante...

Yo Estaba vestido solo con unos bóxer. Ella me miraba divertida, su senos me apuntaban desafiantes, no podía apartar la vista de ellos... ¡Mi polla reaccionó ante aquella sublime visión! Estaba sentada en la cama con las piernas recogidas. Era una imagen divina, llena de erotismo, vino hacia mí, me abrazó pegando su cuerpo al mío, clavándome los pezones en el pecho, restregando su pubis contra mi enhiesto miembro....

¡Que erección, qué sensación! ¡Si es que estaba buenísima!

Me besó suavemente los labios,Su mano se había adueñado de mi polla y la masajeaba mientras hablaba, me estaba llevando al éxtasis. No lo podía resistir¡Uff, qué placer! No pude aguantar más, ya no pensaba nada, nada que no fuera ella, su cuerpo, sus tetas, su vagina... aprete mis labios a los suyos, comiéndonos los labios, intercambiando saliva en una sin igual batalla de lenguas. Recorría todo el interior de su boca, sus dientes, mordía sus labios hasta hacerle daño y ella hacía lo propio conmigo.

Empecé a sobar sus pechos, amasándolos de abajo a arriba, pasando los pulgares por las areolas, sin llegar a tocar los pezones. Suspiraba de gusto, metía una pierna entre las mías intentando rozar su clítoris con mi muslo, restregándose contra él. Yo hacía fuerza hacia arriba para proporcionarle más excitación. Movía sus caderas como una fiera, era evidente su grado de calentura, se había convertido en una auténtica loba.

Cogí los rosados pezones entre el índice y el pulgar y tiraba de ellos, daba mordisquitos en su cuello y metía la lengua en la oreja... Ella se pegaba cada vez más a mí.

Bajé hasta sus tetas con la boca y empecé a chuparlas enteras, ensalivándolas, rozando apenas con los dientes, mamando con auténtica delectación, alternando manos y labios de una a otra sin parar. Seguí descendiendo a lo largo de su vientre, liso como una tabla jugando un ratito con su ombligo.

Me iba acercando a su divino tesoro, solo guardado para mí. Me entretuve un rato con el interior de los muslos, excitándola, haciendo que anhelara un ataque directo. Me agarraba del pelo intentando guiar mi cabeza hacia su zona y levantaba las caderas en claro ofrecimiento. La hice sufrir un ratito más, pero no mucho.

Metí la lengua a lo largo de su raja, empezando por abajo y subiendo lentamente, separando los labios, haciendo círculos en la entrada sin penetrar, acercándome a su clítoris sin tocarlo... Me apretaba la cabeza contra su vulva, sus movimientos pélvicos eran incontrolados y frenéticos, deseaba sentirme dentro... Y más que lo iba a desear...

-Vamos, cómetelo. Por favor ¡Cómetelo ya, porfa!

Ya que me lo pedía por favor... Introduje la lengua en la vagina todo lo que pude, realizaba movimientos de meter saca con ella, pero mi hermana quería más. Me fui directamente al clítoris... Allí estaba, tieso, rojo, recubierto por su capuchón... Lo froté un poco con la nariz, presionándolo, mientras me deleitaba con un poco más de flujo que manaba a raudales... ¡Sabía a gloria!

Gritaba de placer... Se corría, se corría patas abajo sin remedio, cerrando sus piernas alrededor de mí. Fue entonces cuando cogí su clítoris entre mis labios y chupé, mamé con ansia, presioné entre la lengua y los dientes... El resultado fue espectacular... Arqueó la espalda apretándome fuerte con manos y muslos, movía las caderas como una loca arrastrándome con ella, sus orgasmos se multiplicaban sin descanso, se encadenaban uno tras otro, sus jugos se deslizaban hacia su culo sin descanso... Sujetándola de las nalgas le metí un dedo en el culo, sin permiso. Estaba la zona totalmente lubricada, por lo que no tuve problema y apreté sin compasión, hasta el fondo, haciendo círculos dentro, excitando sus paredes internas.

Fue una apoteosis, un homenaje al orgasmo. Con los últimos estertores se dejó caer sobre la cama, relajando las piernas, liberándome de aquel abrazo amoroso que casi me ahoga... Estaba roja, roja, como una amapola, derrengada, llena de placer, pero no se olvidó de mí. Con movimientos pausados por el desfallecimiento llevó una mano a mi miembro viril, introduciéndola por el elástico de mi ropa interior. Inició un lento magreo mientras yo volvía a sobarle las tetas y a besar sus jugosos labios.

Quiso llevar su boca a mi instrumento para hacerme una mamada, pero no la dejé. Sabía que me correría enseguida y no me apetecía, aquello tenía que durar más. Quería que me sintiera en su interior, no humillarla, sino que viera que yo seguía siendo el macho, aunque pensándolo bien, se había salido con la suya y estábamos follando, como ella quería.

Me situé entre sus piernas, acariciando sus muslos hasta llevar una de mis manos a su suavísimo culo e izándolo, me ayudé de la otra para colocar mi polla entre los labios de su entrada vaginal. Empujé despacio pero con fuerza, sin descanso, avanzando centímetro a centímetro hasta llegar al fondo. Aun así me faltaba parte por meter y seguí presionando. Le estaba subiendo el útero hasta el paladar, pero no desfallecí. Ella tampoco se quejaba, apretaba los dientes y aguantaba estoicamente, mirándome fijo a los ojos, animándome a continuar.

Tras unos cortos movimientos de entrada salida para dilatar su estrecho túnel, conseguí que mis pelotas se estamparan contra sus nalgas. ¡AH! Qué sensación de gusto, de triunfo, estaba enterita dentro de ella...

Empecé a moverme muy despacio, recreándome, sacando el pene casi entero para volverlo a meter, muy despacio también. Su expresión iba cambiando, transformando la cara de tensión por cara de placer, empezaba a moverse acompañando mis acometidas, levantando lujuriosamente las caderas cada vez que me volvía a introducir.

Jadeaba cada vez más fuerte, cambié de postura sin sacarle la polla situándome yo debajo. Su cabalgada era cada vez más violenta, movía su cintura en todos los sentidos, en círculo, en vaivén, acelerando continuamente hasta que arqueó la espalda, dio un gemido más prolongado y tuvo un orgasmo fabuloso. Me encantaba que se corriera con tanta facilidad...

La puse a cuatro patas, me situé detrás de ella y se la volví a meter, frotando el clítoris con los dedos para que no bajara su excitación. Volvió a correrse, una y otra vez, destilando jugos patas abajo, presionando mi vientre con sus nalgas. En un momento, levantándome un poco, le saqué mi miembro de la vagina y apoyándolo en la entrada del culo se lo metí poco a poco...

-¡AAAAHHHHHH, CABRON! ¡QUE ME ESTAS ABRIENDO EL CULO, AYYYYYY ME DUELE CABRÓN!

Se dejó caer sobre la cama pero yo seguí dentro de ella. Aplastándola con mi peso, solo medianamente apoyado en las rodillas, pasé las manos bajo su cuerpo, acariciándole las tetas y metiendo un par de dedos en la vagina. La situación me estaba desbordando, era increíble sentir sus nalgas en mi verga. Aunque no podía moverme por falta de apoyo, tenía la polla totalmente encajada en su apretado culo, frotaba su clítoris, frotaba sus pezones, sus orgasmos se sucedían uno tras otro, se estaba meando por el descontrol y no pude más...

Empecé a llenarle el culo de leche, mi esperma salía a borbotones, no sabía cómo había durado tanto... Era maravilloso, su esfínter me apretaba la base del pene haciéndome sentir sus contracciones y el fuerte latido de su corazón. La mordí fuerte entre el cuello y el hombro mientras subía y bajaba mi orgasmo...

-AAAAAHHHH QUE RICOOOOOO.....mi hermana gritaba de dolor y de placer

Me quedé medio muerto encima de ella, recuperando el aliento, empapado de sudor... Me dejé caer a un lado, la pobre estaba asfixiada...

¡Huy que increíble, qué polvazoo!... Lo dicho ¡QUÉ POLVO! Con mayúsculas.

-Ay, hermanito, ay... ¡Eres maravilloso! - Acercó la cara para darme un beso... Nuestras lenguas volvieron a cruzarse, intercambiando saliva, sus jugos...

Ese dia descargamos toda nuestra tensión, con un polvo de los que hacen época. Fue la última vez que tuvimos sexo mi hermana y yo… pero jamás lo olvidamos


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