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Relatos y Experiencias

Lo que voy a contar sucedió hace más o menos año y medio, y probablemente ha sido la mejor experiencia sexual que he tenido hasta el momento. Pero primero que todo me presento. Soy Benjamín, tengo 23 años soy de contextura delgada, blanco, cabello rubio y ojos claros. Creo que siempre he tenido éxito con las mujeres por esa última característica.

En fin, de mis tíos y tías muy pocos tuvieron hijos, por lo cual crecí únicamente con dos primos, María Camila y Pablo. Pero mi relato tiene como protagonista a mi prima mayor, Paulina. Mi tío la tuvo cuando apenas era un adolescente, así que si no estoy mal, me lleva 17 años y por ende la relación entre los dos nunca fue demasiado cercana por la diferencia de edad. Pero ella siempre tuvo especial cariño hacia mí.

Pau es delgada, blanca, con unos ojos espectaculares, unas nalgas no muy grandes pero redondas y bastante apetecibles. De tetas es prácticamente plana, pero por la edad y por ser al fin y al cabo mi prima mayor, siempre la vi con ojos de deseo. Nunca dejábamos pasar oportunidad para halagarnos y cuando ella estaba tomada se me sentaba en las piernas y me daba besos muy muy cerca de la boca. Nunca pensé que fuera a pasar de ahí. Pero el morbo siempre estaba presente entre los dos.

Está casada, tiene dos hijos y vive en una ciudad diferente a la mía. Solo nos vemos unas cuantas veces al año, cuando nos reunimos en familia a celebrar algún cumpleaños o fecha especial. El esposo de ella siempre ha sido de buen ambiente, grandes fiestas y mucho alcohol, y aunque mi prima es de la misma mentalidad, siempre ha sido medía copa y de muy malos tragos, es de las que llora y pelea con todo el mundo.

Ya para entrar en cuestión, mi prima pasó por un muy mal momento en la época en que sucedió esta historia. A la mamá le habían encontrado un tumor en el cerebro y estaba hospitalizada en una clínica cerca a mi casa, por lo que mi prima se estaba quedando con nosotros. Una noche, después de salir de la clínica se fue a tomar unos tragos con unas amigas para liberar la tensión que genera un hospital. Obviamente llegó borracha a la casa y empezó con su acostumbrado show de borracha. Fue habitación por habitación llorando y gritando que a ella nadie la quería, que no le importaba a nadie y demás cosas impulsada por los tragos y por la situación familiar. Mi habitación por ser la más retirada, fue a la última que entró. Yo ya había escuchado todo y me había preparado.

Apenas entró, le dije que estaba muy borracha y que necesitaba descansar, así que levanté mi cobija invitándola a acostarse conmigo. Lo pensó un instante, pero terminó quitándose los zapatos y metiéndose en la cama conmigo. Nos acostamos en cucharita y sobre mi brazo terminó de llorar y se tranquilizó. Le dije que todo iba a estar bien y que descansara. Así estuvimos unos minutos hablando de banalidades, hasta que por la posición en la que estábamos, me empecé a calentar y mi pene comenzó a cobrar vida. Al parecer a ella también le estaba pasando lo mismo porque no retiraba sus nalgas de mi paquete. Así estábamos los dos, disfrutando individualmente y disimulando la situación hablando de pendejadas. En este punto ella ya estaba tranquila y la borrachera parecía que se le había pasado.

Seguíamos igual hasta que yo no aguanté más y la cogí de la cadera, la pegué hacia mí y le restregué completamente mi pene contra sus nalgas. Para mi alegría ella accedió y me empezó a frotar su culo contra mí y a soltar unos pequeños gemidos que me terminaron de poner al 100. Al saber lo que ella quería, le puse mi mano sobre su entrepierna y se la empecé a acariciar por encima del jean. Ella abrió las piernas para recibir mis caricias y sus jadeos aumentaban. En esa posición en la que estábamos, con la otra mano le empecé a sobar las tetas y ella con su mano me agarró del cuello para acercarme aún más a ella.

No demore en desabrocharle el pantalón y meterle la mano dentro de sus cuquitos. Tenía la cuca bastante peluda, completamente diferente a las mujeres de mi edad con las que me había acostado. Pero eso me excitó mucho más, estaba a punto de probar una vagina realmente madura. Me dirigí directo a sus labios, estaban increíblemente mojados, me entraron los dos dedos sin impedimento. Después de dedearla unas cuantas veces, me enfoqué en su clítoris. Con los mismos dos dedos, se los empecé a mover en círculos sobre su sexo y eso la elevó a su máximo nivel de éxtasis.

Mientras le estimulaba su clítoris y en medio de gemidos me dijo al oído,

-primito bájame el pantalón que quiero sentirte todo-

Obedientemente, sin dejarle de coger las tetas, con la otra mano le bajé únicamente el pantalón, dejándole los cucos puestos. Ese culo se le veía cómo los dioses, adornado por la tanga blanca bordada que se iba perdiendo a medida que se adentraba en sus nalgas. Con semejante paisaje, procedí a bajarme mi pijama para dejar mi pene en libertad. Pero ella al darse cuenta de lo que hacía, se dio media vuelta y frente a frente me dice

-primo nadie se puede enterar de esto, nunca jamás-

Yo le respondí, que de mi boca jamás iba a salir una palabra sobre esa noche. Y por primera vez nos fundimos en un apasionado beso, que sirvió para que nuestros sexos por fin se pudieran rozar. Ella me separó del beso para decirme

-ponle seguro a la puerta, no nos quedaría bien que tu familia nos vea en estas-.

Me paré de la cama y me dirigí a ponerle seguro a la puerta. Cuando me di vuelta, mi prima se había sentado en el borde de la cama y se estaba terminando de quitar el pantalón. Me acerqué a ella y me paré al frente. Me abrazó por la cintura y me bajó la pijama, dejando mi miembro a la altura de su cara. Me empezó a pajear, me miró a los ojos y me dijo

-que duro lo tienes primito-

Después de decir esas palabras se arrodilló en el piso y se lo metió completo a la boca. Lo que hace la experiencia. Nunca me lo habían mamado de esa manera. Mi prima pasó su lengua por cada centímetro de mi verga y al llegar a la cabeza, lo rodeaba con sus labios y lo succionaba delicioso. Con la otra mano, acariciaba mis bolas, lo que producía una sensación indescriptible. No me cambiaba por nadie en el mundo en ese momento. Sentí que me iba a venir y le iba a llenar la boca de semen, pero me preocupaba que después de eso se me quitaran las ganas. Probablemente mi prima se dio cuenta de mis ganas de no venirme, entonces me dice,

-suelta toda esa lechita en mi boca que después yo me encargo de volvértelo a poner duro-.

Fue solo que dijera eso para que dejara salir todo de mí. Fueron 5 descargas que le llenaron la boca de semen. Por las comisuras de los labios se le alcanzaba a salir. Después de pasárselo y de limpiarse hasta la última gota que le quedaba en la cara, me dijo

-que rico sabe tu leche primito, siempre imaginé el sabor de tu semen, y ahora que lo sé, solo pienso en que me lo eches adentro-.

Con esas palabras mi pene estaba cobrando vida una vez más. Mi prima, con mirada picarona me dice

-quiero que me veas como me preparo para recibirte-.

E inmediatamente se puso en cuatro en el borde de la cama, y dejándome ver su conchita en todo su esplendor, se empezó a tocar para mí. No necesité de mucho tiempo para volverlo a tener como un mástil. Ver esos labios rosados y como mi prima se metía los dedos adentro, hacían que mi verga estuviera babeando por follarla.

Cuando mi prima se dio cuenta que había recuperado todo mi vigor, me dijo,

-ven a devolverme el favor que acabo de hacerte-.

Se acostó en la cama, abrió sus piernas y me acomodé a la altura de su vagina. Sin pensarlo dos veces comencé a besar esos labios rosaditos, pero rápidamente me dirigí a su clítoris. Mientras con dos dedos buscaba su punto G, su clítoris lo tenía atrapado con mi boca y mi lengua. Mi prima parecía poseída, gemía cada vez mas fuerte y con su mano me cogía del pelo y me pegaba más a su pubis. Cuando sentí que sus piernas empezaban a temblar y su voz se entrecortaba, aceleré el ritmo de mis dedos y de mi lengua sobre su clítoris. El orgasmo de ella fue intenso, quedé con la boca llena de sus jugos.

Cuando terminé de comerle la cuca a mi prima, subí y le dije,

-esto hasta ahora comienza, no hay tiempo por perder-.

Y la besé para que probara el sabor de su sexo. Ella encantada limpió con su lengua todas las partes en las que quedaban rastros de su orgasmo. Mientras nos besábamos, cogí mi verga, le di dos golpecitos sobre su vulva y se lo metí hasta el fondo. Ella se soltó del beso para poder gemir con libertad y susurrarme al oído que le diera más duro.

Le dije, -eres una puta, te voy a dar hasta que amanezca-.

A lo que ella me respondió, -soy tu puta y eso jamás va a cambiar-.

No podía dejar de martillarla, cada vez le daba más duro. Sentía como mis bolas rebotaban sobre sus nalgas. El ruido que hacíamos era infernal, la cama se mecía de lado a lado como si se fuera a caer. Así, llegó mi segunda corrida, que se la eché una vez más en la boca. Mi prima no podía creer que aún me siguiera saliendo tanto después del primer orgasmo. Quedé rendido sobre la cama. Había dado todo de mí. Ella me mira, sonríe y me susurra,

-aún no ha amanecido y mi conchita todavía no tiene tu semen. No puedes parar-.

Se me sentó en la cara, encajando su cuquita encima de mi boca y se dirigió a mamarme el pene. Con sus labios empapados, la abracé por las nalgas y me pegué a su clítoris, se lo chupaba con todas las ganas, como si fuera la última cuca que fuera a probar uno. Mi prima por su lado, me lo mamaba cada vez más y más rápido.

En cuestión de minutos, ya estábamos los dos al 100 una vez más. Así que se para de la cama y me dice que la acompañe. Se para frente a la ventana, levanta el “blackout” y me dice,

-cómeme al frente de todos tus vecinos-.

Ya se veían unos tenues rayos de sol asomarse por las montañas. Habíamos tirado toda la noche. Pero ella sin perder tiempo, pega las tetas contra el vidrio, levanta los brazos sobre su cabeza y me pega el culo contra mi verga. Se veía espectacular en esa posición, con sus curvas marcadas, me imaginaba como se le verían las tetas desde el otro lado de la ventana y sus nalgas pidiendo sexo, era un cuadro digno de admirar. La levanté de la cadera y de un solo empujón la volví a empotrar. Gemía como loca, y yo por detrás, sin saber cómo, le seguía dando por esa conchita. Después de un rato de estar comiéndome a mi prima en la ventana, sentí sus piernas temblar y un corrientazo me recorrió todo el cuerpo y sin decirle nada le inundé la vagina de semen. Ella aún con las piernas temblando, se sacó mi pene, con los dedos recogió el semen que le bajaba por la entrepierna y se los metió a la boca.

Nos abrazamos los dos extenuados por la faena que acabábamos de tener y ella me dice,

-primito hace mucho tiempo no me comían de la manera que tu me acabas de comer. Quiero que esto se vuelva a repetir y sin importar lo que pase quiero que me folles cada vez que estemos juntos-.

-prima tu eres una absoluta delicia, nunca me había venido tres veces seguidas con alguien. Eres toda una perra y no voy a perder oportunidad de comerte-.

Nos besamos, ella recogió su ropa y así sin nada puesto salió de mi cuarto.


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