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Relatos y Experiencias

Tuve la fortuna de crecer en medio de 6 mujeres, mis tías... 3 de ellas muy bonitas en mi concepto; todas muy mayores, algunas incluso más que mi madre. Esas 3 mujeres son Maria, Rosa, Gloria; con quienes he compartido mucho más tiempo han sido Maria y Rosa, ambas me han dado su cariño desde niño y me han abierto las puertas de su casa, era un gusto para mi quedarme a pasar los fines de semana en sus casas.

Desde pequeño siempre admiraba a mis tías, en particular a Maria y a Rosa porque era con quienes más compartía, ambas muy vanidosas, les gustaba arreglarse bien, maquillarse, usar tacones, y vestirse bien; Mi tía María tenía un hijo pequeño para ese entonces, bueno pequeño pero mayor que yo 4 años razón por la cual tenía un motivo para quedarme en su casa, jugar con mi primo. Quedarme en esa casa significaba a parte de la diversión de jugar con mi primo, el poder estar cerca de esa tía que admiraba y me parecía bonita y la mejor parte poder dormir en su cama junto a ella porque no había otro lugar para mi estadía y ella así lo prefería.

De ella admiraba que siempre queria verse bien y una parte importante de eso para ella era arreglar sus uñas de manos y pies, siempre me pareció que tenía manos y pies muy bonitos, agradables a la vista pero solo durmiendo con ella con mi cabeza a sus pies pude darme cuenta de lo bellos que realmente eran, me encantaban sus pies eran hermosos, grandes pero no demasiado las con dedos pulidos, un poco gruesos para uñas grandes y notables cada vez que las pintaba, la planta de sus pies con unos pliegues que me encantaban y muy suaves, me ponía muy nervioso el estar en esa posición, casi no podía dormir por estar observando sus pies y se me aceleraba el corazón pensando en que tal vez estaba mal lo que estaba pasando por mi cabeza, ese gusto tan particular por admirar unos pies, los pies de mi tia y que si ella llegara a descubrirme tal vez se molestara conmigo.

Pero no dejaba de llamarme la atención y de fijarme en mi tía atraido por sus pies hermosos y que eran mi anhelo a la hora de dormir para poder estar cerca de ellos, seguí amaneciendo en su casa y en su cama, pero ya un poco más osado me decidi a abrazarlos, a pegarlos a mi rostro, sentir esa piel suave y su olor, lo que más me gustaba era que mi tía no se oponía a que yo lo hiciera, no sé si por ser solo un niño que para entonces tenía unos 10 años o si por creer que eran cosas que hacía por estar dormido; con el paso del tiempo me fui olvidando un poco de lo que para entonces ya era un fetiche, y ya no visitaba tanto a la tía me fui concentrando en otras cosas como el estudio por ejemplo, el deporte y ya no era algo importante para mi.

Años después, ya todo un adolecente con unos 15 - 16 años, ya mi tía Maria no era tan cercana porque vivia un poco lejos y en cambio mi relación con mi tía Rosa se hizo más fuerte porque vivía cerca de mis amigos de infancia y su casa era mi hotel de turno los fines de semana para poder compartir tiempo con mis amigos. A esa edad te envuelves en una burbuja sexual de modo que, todo lo que sea o represente sexo o sexualidad para ti es deslumbrante, la masturbación es tu mejor amiga y si pudieras lo harías cada vez que tengas una erección y mi tía Rosa era causante de muchas de ellas aun cuando yo solo contaba con 15 años y ella ya pasaba los 45, pero mi tía es una mujer sexy, de rostro bonito una morena de un cuerpo que ha cuidado toda su vida, piernas gruesas y nalgas grandes, un cabello negro espectacular y para mi encanto unos pies muy lindos, pulidos, dedos pequeños y delicados, tan llamativos como ella.

Con mi tía Rosa la relación era cercana pero no tanto como con mi tía Maria, en su casa yo tenía una cama para mi no tenía la posibilidad de acercarme tanto y sentirla o que ella pudiera sentirme solo tenía que conformarme con verla de arriba abajo y admirarla, pero... tenía una ventaja que en otro momento no tuve, mi tía vivia sola en ese apartamento pequeño que compartía conmigo cada vez que estaba allí, al vivir sola todo el tiempo tenía por costumbre dejar sus interiores colgados en la llave que abría la ducha y cada que yo entraba a bañarme los encontraba ahí colgados como un tesoro esperando a que yo lo tomara, mi tía una mujer muy sexy no solo por fuera como siempre la veía sino por su ropa interior siempre usaba tanga brasilera, de distintos colores unas más pequeñas que otras pero siempre un lujo para quien pudiera quitarlas aunque para mi ya era un lujo poder encontrarlas ahí en la ducha esperando por mi, por mi que en ese momento de mi vida era fanático de la masturbación y buscaba motivos para hacerlo, no lo dude nunca y tampoco desaproveché nunca una oportunidad de esas en que tenía esas tangas en frente mio para tomarlas y olerlas, pasarlas completitas por mi nariz y luego tocar mi pene con ellas colgarlas en el y masturbarme envolviendo mi pene con ellas y frotarlo hasta lograr mi climax.

Continuará...


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