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Amor Adolescente - Parte 1

Por allá en la época de últimos años de la preparatoria, con los cambios en el cuerpo y las hormonas aceleradas, me mantenía pisteando a un chico de mi barrio, un poco mayor que yo y que ya estaba en la Universidad.


Vivía a unas dos casas al frente de la mía y cada que escuchaba que encendía su ruidosa motocicleta salía corriendo a la ventana a ver bombón. Flaco, alto, blanco, con su caminar seguro, su chivera que me mataba y su chaqueta de cuero.


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Muchas veces en las noches, estábamos afuera el combo de amigos y cuando él llegaba ni disimulaba la cara de idiota, hasta salivaba de más, sobre todo cuando se bajaba de su moto, se quitaba el casco y se sacudía el cabello mirándose al retrovisor antes de entrar a la casa.


Una de esas veces como estaba de espalda lo miraba embobada, no me había dado cuenta que me estaba viendo a través del espejo retrovisor. Tenía esa mueca de burla en la cara porque yo hasta tenía la boca abierta.


Cuando me di cuenta de que me había descubierto, abrí los ojos asustada, me puse roja de la vergüenza. Él no paraba de reírse de mí y salí corriendo para mi casa a toda prisa, cerré la puerta y me quedé de espaldas respirando agitadamente, con la mano en el pecho empujando el corazón que parecía se me fuera a salir.


Para colmo, me dio por asomarme por la ventana corriendo un poco la cortina y ahí seguía, apenas me vio espiando, ha hecho una mueca de agrado confirmando que sí era verdad.


- ¿pero qué clase de idiota soy? --brinqué a uno de los muebles y grité con todas mis fuerza--

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAARRRGGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!


Mi madre obviamente ha salido a ver qué era lo que pasaba y porque había metido tremendo alarido.


- Agata ¿qué le pasó?

- Nada ma --todavía con la cara roja-- me pegué en la espinilla --disimulé acariciando--

- Venga yo la reviso

- No Má, fresca que no me paso nada


Subí corriendo a mi habitación y me acosté boca abajo con la cabeza dando vueltas «¿y ahora como vuelvo a salir? ¿qué vergüenza encontrármelo? ¿ya se dio cuenta que me gusta? ¡¡¡¡nooooooooooo!!!!»


Como típica adolescente volvía un problema estúpido en un mundo. Hasta deje de salir un par de semanas a reunirme con mis amigas con tal de que no me fuera a ver afuera en la acera.


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Después de unos meses y que se me olvidara el tema, volví a estar en la calle como si nada. Igual él pasaba y ni nos determinaba, eso sí, me tocaba hacer un sobre esfuerzo trataba de no mirarlo cuando entraba o salía.


Un día en la mañana a mi madre el carro no le quería prender, al parecer había dejado las luces encendidas toda la noche. Como no me podía llevar al colegio, se le ocurrió la peor idea en el mundo, pedirle el favor a doña Karla si me podía llevar. ¿Adivinen la mamá de quién?


- Lucy, yo voy para una reunión, pero le digo a Mateo que la lleve en la moto


Nooooo trágame tierra, pero cómo podía ser tanta mi desgracia. Prefería mil veces ir caminando o en bus.


- No Má, que pena, yo...

- Fresca mija --dijo la vecina-- que él nos hace el favor


Esa señora ni se alcanza a imaginar con las clases de favores que he pensado en él y no precisamente en uno con ropa y en moto llevándome al colegio.


- Claro venga yo la llevo --salió corriendo por las escalas, con esa cara de maldad-- y no se preocupen que yo le pido el teléfono --me miró de reojo sonriendo-- y también la recojo

- Tan querido Mateo --le dijo mi mama acariciando su hombro-- muchas gracias mijo, te quedo debiendo un almuerzo

- Si es así, la llevo todos los días doña Lucy --le dijo en broma--


Sacó otro casco de la casa y me lo abrocho mirándome a los ojos. Se montó a la moto, la encendió y luego me ofreció su mano para ayudarme a montar.


- Mijo, mucho cuidado pues que esa es mi bebe --le dijo mi madre--

- Tranquila Doña Lucy que yo sé la cuido --le metió el cambio y volteo a mirarme-- cójase pues bien duro que si no me la cobran entera


Tímidamente coloque mis manos a los lados de su cintura y él las tomó desde adelante y me hizo abrazarlo. Mis pequeños senos se apoyaron en su espalda y mi cara pasó a convertirse en un tomate.


Me llevó en menos de 20 minutos, pero para mí fueron una vida eterna, estaba extasiada, disimulando que lo apretaba fuerte para no caerme, con una sonrisa que arrastraba por cuadras, oliendo su perfume y con el corazón a mil.


Cuando llegamos al cole, todas las chicas se nos quedaron mirando. Él me ayudó a bajar de la moto con cuidado de no irme a quemar con el escape, me ayudó a quitar el casco y sacó su teléfono.


- ¿Agata? ¿cierto?

- Si si --contesté nerviosa--


Él se quedó mirándome y yo como un témpano de hielo sin saber cómo reaccionar, si solo me iba o si me despedía de beso en la mejilla.


- Hola --tronaba sus dedos frente a mí-- llamando a tierra ¿me das tu número?

- Ah si si --volví a ser la señora tomate--


Le di mi número, él lo escribió en su teléfono y me hizo una llamada.


- Pa' que me guarde como "futuro novio"


Me quedé pasmada, con el teléfono en la mano, mientras que él se acercaba a darme un beso en la mejilla y arrancar a toda prisa.


Obviamente todas mis amigas pasaron la calle corriendo a preguntarme quién, cómo, cuándo, dónde, por qué, motivo, razón y circunstancia. Un interrogatorio del FBI se habría quedado corto.


Ese fue uno de los días más laaaaaaaaaaaarrggooooo de mi vida, miraba el reloj cada 5 minutos deseando que ya fuera la hora de salir, pero las manecillas avanzaban al ritmo de una tortuga.


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Al fin sonó el timbre y salí corriendo como una loca, bajando las escaleras a toda prisa, pasando por el corredor, atravesando la cancha de volley, de repente frené en seco. «¿Qué haces? ¿acaso quieres que se dé cuenta que morís por él? ¡No Agata, así no!»


Me regresé a los baños, me peine, me coloqué brillo, pero pensé que también me iba a delatar y luego me lave, solo me sequé bien el sudor, me subí un poco la falda y salí calmada entre la multitud. Tenía que estar lejos de mis amigas o ellas iban a ser las que me iban a delatar con tanto alboroto.


- Hola Mateo --le estiré la mano para saludarlo--

- Hola Agata --tomó mi mano y me sorprendí cuando empujó hacía el para saludarme de pico en la mejilla-- ¿vamos?

- Si --contesté nerviosa--, si claro, gracias por recogerme

- Tengo que ir por unos libros a la Universidad ¿me acompañas?

- Si, pero le avisamos a mi mamá antes, sino llama a todas las clínicas de la ciudad a ver porque nos estamos demorando

- Igualitica a la mía --mientras me colocaba el casco y lo abrochaba--, fresca que yo le dije te recogía, pero primero íbamos a la U

- Ok, vamos


Esta vez, con más confianza me monté a la moto y de inmediato lo abracé. Volteé a mirar a un lado y estaban todas mis amigas diciendo secretos, riendo y murmurando. Ustedes ya saben cómo es.


Llegamos a su universidad y me sentía como un moco en la sopa, todos vestidos de civil y yo como una niña buena con el uniforme del cole y un morral rosa de Hello Kitty. Saludó a unas compañeras de estudio guapísimas y yo me quedé alejada para no interrumpir.


- ¿Andas de niñero y te tocó cuidar a tu hermanita? --le dijeron entre risas--

- No, es una vecina y ella ya se sabe cuidar --les respondió irónicamente y me miró de reojo curvando sus labios--

- Aham ¿una vecina?

- ¿Celosa Manuela? --le respondió y todos soltaron la risa--

- Ni que me gustaras --contestó refunfuñando--


Se deshizo de ellos despidiéndose a la distancia. Me pasó la mano por encima del hombro y seguimos camino a la biblioteca. Lo ayudé a buscar los libros de cálculo que necesitaba y luego nos fuimos para las cafeterías a tomar algo.


- ¿y te falta mucho para graduarte? --me preguntó mientras chupaba del sorbete--

- No, ya estoy en último año

- Pensé que eras más joven ¿cuántos años tienes?

- Diecioc... --iba a decirle mentiras de mi edad, pero me arrepentí-- diecisiete

- Bueno ya pronto serás mayor de edad y graduada ¿qué piensas estudiar?

- Administración de empresas y finanzas

- Osea que estamos, ante una futura empresaria

- Si, eso espero y mi papá también

- ¿Pero eso es lo que quieres estudiar o lo que tu papá quiere que estudies?

- Si fuera por mi papá, me quisiera estudiando medicina, pero soy más amante de los números

- Bueno si alguna vez necesitas ayuda en matemáticas me avisas


Estuvimos hablando un poco más de trivialidades y aprendí a quitarle el miedo, no era tan inalcanzable y creído como me lo imaginaba, en realidad era un muy buen conversador además de obviamente buen partido.


Estábamos caminando por entre los corredores hacía la moto y me dijo que era más corto yendo entre los bloques de ingeniería. De pronto estábamos en medio de unos edificios, atravesando un parque lleno de plantas y una fuente en el medio.


- ¿y cómo me guardaste en tu teléfono?

- Mateo vecino

- yo pensé que me ibas a hacer caso

- No, porque somos vecinos y no novios

- Eso se puede arreglar --se dio la vuelta, me tomó de la cintura y me quedó su rostro al frente sonriendo-- no mentiras --me soltó-- en unos meses que cumpla años hablamos

- Tan bobo

- ¿Bobo? su papá como es de bravo se da cuenta y me manda a matar

- Exagerado --me monté en una de las escalas de la fuente para poder quedar a su altura-- además nadie tiene que enterarse

- ¿Osea que si te gusto?

- Si --entrelazo sus manos con las mías-- ¿y yo te gustó?

- Si claro, yo también la miro ¿o no se ha dado cuenta?


Se me acercó despacito, me miró a los ojos y mientras los cerrábamos nos fundimos en un beso que me hacía sentir en el paraíso, el corazón iba a mil, las manos me sudaban y las piernas querían desfallecer. Primera vez que me daban un beso de verdad, una persona experimentada y no un niño que te llena con exceso de saliva. Él tenía la técnica perfecta, la presión perfecta, el aliento perfecto, jugaba gentilmente con su lengua, las caricias en la espalda y me abrazaba de la cintura atrayéndome hacia él.


De los pisos de arriba empezaron a chiflar, a gritar y tirarnos bolas de papel. Abrimos los ojos, nos reímos y nos seguimos besando. Él me levantó de la cintura, me descargó en el piso y me cogió de la mano para que lo siguiera. Salimos corriendo entre risas esquivando los proyectiles de papel.


Nos montamos a la moto y lo abracé con todas mis fuerzas, ese hombre me encantaba y no me creía lo que acababa de suceder y ahí sí maldita sea el tiempo se fue volando, me sentí como si me hubiera acabado de montar y ya me tocara bajarme.


Me dejó en la puerta de mi casa, nos mirábamos entre risitas, pero sin decirnos nada y guardando la distancia.


- Porfa no le cuentes a nadie ¿sí? --le dije--

- Será nuestro secreto --me pico un ojo coquetamente--


Espero a que entrara a la casa para volver a arrancar. Yo cerré la puerta y me apoyé de espaldas soltando un gran suspiro.


- ¿Llegaste Agata?

- Si madre --brinqué del susto, no quería que me viera la cara de estúpida enamorada--

- ¿Te sirvo el almuerzo?

- Me voy a meter a bañar primero


Subí a mi habitación, me quité el uniforme, desabroche el sostén y lo tire a la cama. Entré al baño a orinar y cuando me bajé las tangas noté que estaban húmedas y al separarlas un espeso hilo transparente se estiró hasta caer con las tangas al suelo.


No podía de la risa, ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que me había excitado por un beso y hasta me preguntaba si había tenido un orgasmo y no me había dado cuenta.


Entre a la regadera abrí la ducha con agua caliente, pase mis dedos para asearme, estaba tan mojada y babosa que termine acariciándome, recordando el momento: sus ojos, su cara, sus brazos, sus besos, su lengua.


- ¡¡¡AHHHHHH!!!! --me tapé la boca--


No quería que mi mamá me escuchara gimiendo, pero no era capaz de parar de tocarme, no al menos, hasta venirme. Me imaginé en la moto, metiendo la mano entre su pantalón, sintiendo como crecía su miembro en mi mano y acariciaba su glande.


Me tuve que morder la membrana de la mano que está entre el índice y el pulgar para evitar gritar. Cerré los ojos, apreté las rodillas y me temblaron las piernas, quedé jadeando debajo del chorro, sonriendo como una loca y el agua llevándose mi orgasmo.


- Agata --tocó mi madre la puerta-- ¿qué hace pues que se demora tanto?

- Nada Má --buscaba una excusa en mi cabeza-- desenredando el cabello, ya voy

- Venga pues que se le va enfriar

- Si Má, ya voy


---


En esa época no existía todavía WhatsApp, pero todo el día nos escribíamos a punta de mensajes de texto: 140 caracteres como máximo para decirnos de todo. Encontramos la excusa perfecta para vernos y adrede empecé a sacar notas más bajas en trigonometría y física.


Los vecinos de mi unidad son muy unidos y cada trimestre hacen un asado entre todos. Mi madre que todo lo cuenta, le dijo a doña Karla de mi problema con las notas.


- Lucy, pero mateo es super teso, está estudiando Ingeniería Civil, si quieres le pedimos que le ayude con unos refuerzos

- Karlita, pero que pena con tu muchacho, él debe estar muy atareado con la Universidad

- Si le da tiempo para jugar al Nintendo ese, le da para ayudar, yo me encargo


A la siguiente semana, ya tenía programadas clases de refuerzo en la casa de doña Karla todos los martes y jueves de 7 a 8 de la noche. Nos sentábamos a la mesa, él me revisaba los ejercicios y hasta me explicaba temas avanzados de la U. Nos hacíamos junticos, nos acariciamos las manos, nos dábamos miradas de fuego y cuando su mamá no estaba cerca nos comíamos a besos y apenas volvía a aparecer disimulamos seguir estudiando con toda la adrenalina a tope.


Pasamos muchos días con la misma rutina. Entre en confianza con doña Karla y hasta a veces me sentaba a hablar con ella mientras preparaba la cena. A Mateo y a mí, se nos volvió costumbre sentarnos a jugar Mario Bros en la sala después de hacer las tareas y se nos pasaba más de la hora, hasta que mi mamá me mandaba a llamar.


Doña Karla ya nos había descubierto más de una vez besándonos y ella simulaba no haber visto nada, inclusive nos podía ver en el mueble uno con las manos encima del otro y la lengua hasta la garganta y prefería hacerse la ciega.


Doña Karla prefería ver la novela en el TV de su cuarto, dejarnos la TV de la sala con tal de que no nos metiéramos al cuarto de Mateo. Una noche, ya era bastante tarde y estaba lloviendo, Mateo me tapo la boca y me hizo señas para que guardara silencio y escuchaba, eran los ronquidos de su mamá que se escuchaban levemente.


Era la primera vez que nos sentíamos solos y libres, no perdí el tiempo, me monté a horcajadas sobre él lo besaba con deseo, desespero y pasión. Podía sentir su miembro duro, rozando contra mi vagina y con más intensidad movía mis caderas empecinadas en buscar esa presión en mi clítoris que me hacía gemir.


- Shhh Agata vas despertarla --mientras me besaba el cuello--


Sus manos subieron por mi cintura, se detuvo antes de alcanzar mis senos y me miró fijo a los ojos jadeando.


- ¿Puedo?


Tomé sus manos y las acomodé justo donde y como quería. Lo tomé del cuello, lo besé, descargué mi mentón en su oído gimiendo tan silenciosamente como podía.


- Agata me estas matando

- Tócalos, tócalos mateo

- No, Agata, todavía no pode...


Sacó sus manos a toda prisa, las colocó en mi cintura. Yo las metí debajo de mi falda y las apreté en mi trasero.


- Si Mateo, así, cógelas duro, no pares


No puedo explicar lo que sentí esa noche, nunca antes unas manos me habían sostenido de esa forma, nunca se me había ocurrido experimentar con mi cuerpo de esa manera. Sus manos temblaban de la emoción, pero cada que me apretaba las nalgas, las cogía con fuerza sentía que mi trasero se abría y palpitaba.


Cerré los ojos, me aferré a su cuello, empujando mi pelvis cada vez más fuerte contra su miembro, sentí un vacío, una paz interior como si nada más existiera, solo él y yo. Nunca había experimentado tanto placer, trataba de contenerme de no gemir muy duro. Una de sus manos se escapó entre mis tangas y un dedo jugaba con mis labios externos empapados, moría de ganas porque lo metiera, pero no iba a decírselo, no es lo que una señorita hace.


- Mateo Abelardo... --escuché por primera vez la voz de su papá que gritaba subiendo las escalas enojado--


Los dos nos miramos espantados, de un solo brinco me hice al lado y todos nerviosos agarramos los controles del Nintendo.


- ...otra vez esa HP moto en la mitad del garage

- Hola pá, ya la voy a mover

- Buenas noches --saludé tímidamente--

- Buenas noches, señorita --miró su reloj en la muñeca-- Mateo ya está muy tarde, es hora de dormir

- Si señor


El continuo hacía la cocina a buscar su comida, mientras nosotros muertos de risa cogíamos mi morral de la mesa y bajábamos corriendo las escalas.


- Lo siento, mi papá es un gruñón

- Fresco, al parecer así son todos los papás. Lástima, con lo bueno que estábamos pasando --me mordí el labio con picardía--

- Ni me digas, mira cómo me dejaste --mostrándome su erección en el blue jean--


Me tiré a darle un beso y agarré su miembro sobre el pantalón. Él me besaba, metiendo su mano debajo de la falda agarrándome las nalgas, pero siempre mirando por las escalas para que no viniera su papá.


- Mateo --dijo con desgano-- ¿ya acomodó esa moto?

- Si si... Pá


Nos despedimos antes de que abriera la puerta, tratando de separarnos, pero nuestros labios eran como imanes. Su papá encendió la luz del garage y yo salí corriendo muerta de la risa.


Llegué a mi casa emparamada, estaba lloviendo durísimo, mis padres estaban viendo TV en la sala.


- Agata ¿te mojaste? --preguntó mi mamá--

- Si Má, un poco --me acerqué a saludar a mi padre por detrás dándole un beso en la mejilla--- ¡Hola Pá!

- Mija ¿por qué tan tarde y en la calle?

- Estudiando Pá, mañana tengo examen final de trigonometría

- ¿Entendiste o necesitas que te ayude?

- No, ya Mateo me explico super bien --recordando lo que acabamos de hacer--

- Ese pelado se ve que es inteligente

- Si Pá y es muy muy muy bueno explicado --se me salía sola la risa de idiota enamorada--

- Vaya cámbiese que se enferma --dijo mi mamá--

- Si Má, feliz noche --me despedí dándoles un abrazó y un pico en la mejilla--


Subí las escaleras a mi cuarto a toda prisa, me desnudé tirando la ropa al piso y me metí en tangas dentro de las cobijas con mi Nokia 1100. Prendí la linterna y mis tangas estaban empapadas casi escurriendo y no precisamente por culpa de la lluvia.


Me moría de ganas porque Mateo estuviera en mi cama esa noche, no podía haber otro hombre al que quisiera entregarle mi virginidad. Mi sexo estaba hinchado, medio me acariciaba por encima de la tela y me hacía gemir sin control. Justo en ese momento me entró un mensaje de texto que se volvió en toda una conversación.


- ¿Vas a soñar conmigo?

- Yo si ¿y tú?

- Toda la noche Ágata, me dejaste muy antojado

- Tu al menos tocaste algo, yo me quedé con las ganas

- ¿Ganas de qué?

- Quería conocerlo

- ¿A quién?

- Tan bobo, usted sabe

- Dígame

- No, me da pena

- ¿El pipi?

- Si

- Dentro de poco lo vas a conocer, no te preocupes


Me hice boca abajo, con una almohada entre las piernas, moviendo mi cuerpo para sentir las esquinas rozar mi sexo. Me tocaba tapar la boca mientras le escribía.


- ¿A ti te gustó la mía?

- Si, es tibia, suavecita y sabe muy rico

- ¿Sabe? ¿la probaste?

- Si, cuando te fuiste me chupe los dedos

- Ay Mateo me tienes muy mal

- Yo estoy peor

- ¿estás desnudo?

- Si y tu

- Casi, en tanguitas ¿me las quitarías?

- A besos mamacita

- Yo quiero besarte todo el cuerpo

- ¿Todo?

- Si todo, a él también

- ¡Agata! No seas necia

- ¿ya te estas tocando?

- ¿tú qué crees?

- Igual que yo

- ¿Te puedo llamar?


La lluvia era torrencial, el sonido de la lluvia era ensordecedor y los truenos la excusa perfecta para poder hablar con él sin que mis padres se dieran cuenta.


- Espera le bajó el volumen --con prisa cambié la configuración de las llamadas, colocándolo en silencio al mínimo de vibración--

- Ok

- Ya


En pantalla vi su llamada, me acosté boca arriba y coloqué el teléfono vibrando en mi clítoris viendo su nombre en pantalla "Mateo futuro novio". Corrí las tangas a un lado y mientras contestaba y me pasaba un dedo de arriba a abajo esparciendo mis fluidos.


Su respiración agitada me hacía volar aún más, me lo imaginaba desnudo sobre mi respirando de igual forma en mi oído y me enloquecía. Él me hablaba entre susurros y yo solo respondía con monosílabos.


- ¿Ya te estas tocando?

- Ajam

- Cierra los ojos

- Ya

- ¿Estás imaginando que soy yo?

- Si --ahhhhh--

- Gimes tan rico Agata

- Por tu culpa --ahhhh ahhhh-- quiero escucharte

- ¿Quieres que me toque?

- Si como en las escalas cuando te lo cogí

- ¿Te gustaría tocarlo?

- Si

- ¿y chuparlo?

- Mucho, quiero meterlo a la boca y chuparlo, pasarte la lengua

- Yo también quiero probarte, meterte la lengua

- Ay Mateooohhhhh ¿cuándo? ¿cuándo?

- Pronto mamacita, pronto

- ¿Por qué no vienes hoy? Yo te abro la puerta

- No mamacita, quiero que la primera vez estemos tranquilos y lo disfrutemos, te quiero solita para mi

- Mateo, no aguanto más, te quiero ya en mi cama

- Me tienes mamacita, cierra los ojos y escúchame


No nos dijimos más palabras, solo los gemidos y la respiración nos guiaban. Ya no era suficiente con acariciarme el clítoris, por lo general con eso me bastaba, pero esa noche tuve que hacer lo mismo que me hizo, metí un dedo en mi vagina tocándome igual que él lo hizo.


- Ahhh ahhhhhh ay maatteeooo que rico estas

- No pares mamacita, no pares


Cada que la luz de los relámpagos iluminaba mi habitación, se venían a mi mente las imágenes de nuestro encuentro previo, recordaba sus manos, su aliento, sus gemidos y sus besos. Recordé lo que sentí cuando me agarré de las nalgas y sin pensarlo saqué mi dedo para verificar, mi culito palpitaba, medio lo tocaba con la yema de los dedos y sentía como si un rayó me atravesara el cuerpo.


- Ay mateo, mateo no pares --lo imaginaba metiéndome la lengua por detrás--

- Me voy a venir mamacita... AAAARARGGGGHHHHHHHHHHH


Mordí una de las almohadas, sabía que me iban a escuchar si no lo hacía. Mi espalda se arqueó como si estuviera poseída, sentía que mis ojos se iban hacía atrás, era la primera vez que me venía tan fuerte. Arqueé la espalda. Terminé temblando y riendo con la cara metida en el colchón.


Con una mano sostenía mi sexo aún tembloroso y con la otra buscaba el teléfono.


- ¿te gustó?

- Ay mateo, la próxima vez que lo vea no respondo

- jajajaja pronto mamacita pronto

- Que sueñes conmigo

- Igualmente preciosa


Me lanzó un beso y colgué la llamada. La mandibula aún me temblaba y apretaba la mano en mi sexo para tratar de controlarme, apenas y vine a notar que ese dedo había entrado por otro lugar, había sido el culpable de hacerme venir de esa forma. Lo peor de todo es que ni me di cuenta que nos solo me había metido un poco, sino que lo había metido completamente y hasta el fondo.


No les niego que estaba muy sorprendida y anonadada, en una sola noche me acababan de pasar mil cosas y mi mente aún no sabía cómo procesarlas. Afortunadamente había quedado demasiado agotada para pensar y caí dormida arrullada por la lluvia.


Continuara...


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Escrito: Agata

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visitas: 795
Categoria: Hetero: Primera vez
Fecha de Publicación: 2023-09-05 11:34:15
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2 Comentarios

@juancorne1023 no de verga precisamente, más experimentar y jugar con la mente, los hombres son mucho más básicos a esa edad que nosotras, por eso es que uno termina experimentando con otras nenas.

2023-11-29 20:22:42

a esas edades las jovencitas lo que buscan es verga y solo piensan en verga.

2023-11-15 17:17:19